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SAN
JUAN CRISOSTOMO, PATRIARCA DE CONSTANTINOPLA(Pulsen
para verlo) (345-407)
Juan,
apodado el Crisóstomo,es decir: boca de oro,
por su elocuencia brillante, nace en el seno de
una familia cristiana y acomodada de Antioquía,
la tercera ciudad más importante del Imperio.
Después de una breve, pero intensa, experiencia
monástica, fue ordenado sacerdote en Antioquía
( 386-397 ). EI obispo Flaviano le encargó la
predicación (cosa excepcional en aquel tiempo,
si se piensa que el ministerio de la predicación
era competencia del obispo). De joven se había
instruido en la cultura clásica, en la escuela
del famoso maestro Líbano. Esto lo une a su profunda
reflexión bíblica. Se pone en contacto
con el pueblo, al que exhorta a vivir cristianamente,
huyendo de las tentaciones mundanas y de la herejía.
Vive un momento difícil, porque los habitantes
de su ciudad han derribado las estatuas de la familia
imperial durante una revuelta. Temen la represalia
del Emperador. Es famosa su homilía sobre las
estatuas. Todo acabó bien. Su fama de predicador
se extendió rápidamente, y con un
subterfugio lo hicieron venir a Constantinopla, donde
fue entronizado en la cátedra episcopal. Pero
pronto se llevarían una decepción. Su
talante riguroso, la alta concepción de su misión
sacerdotal (es memorable su Diálogo sobre el
sacerdocio), le enfrentaron con una parte del clero
y de la corte, especialmente del gran chambelán
(el eunuco Eutropio) y la emperatriz Eudoxia, que toleraban
mal sus iniciativas de reforma eclesiástica y
sus invectivas ascéticas contra el lujo
y la sed insaciable de poder. Los años del episcopado
en Constantinopla (397-404) fueron un largo calvario.
Es curioso, pero Eutropio, que quiso quitar el
derecho de asilo en la iglesia, cuando cayó
en desgracia, se acogió al derecho de asilo del
obispo Juan. Con motivo de esto predicó al pueblo
una homilía sobre el versículo bíblico
sapiencial: «vanidad de vanidades, todo vanidad».
EI obispo de Alejandría, Teófilo, veía
mal que un Antioqueno se sentara en la Cátedra
más importante y prestigiosa de Oriente.
LA
ARQUiTECTURA
de LA BASiLiCA (Santa Sofia) ANALİZAR Y COMPARACİONES(Pulsen
para ver el interior de St.Sofia)
La
Hagta Sofía en Constantinopla, la
iglesia de la «divina sabiduría»,
es una de las más grandiosas construcciones del
mundo, la creación más madura de la arquitectura
justinianea. Durante casi un siglo fue el centro espiritual
del Imperio bizantino, catedral de los patriarcas, escenario
de los actos estatales importantes y marco de un esplendoroso
ceremonial en el que se manifestaban el poder y la dignidad
del imperio teocrático. Justiniano es el fundador
de la «gran iglesia», y dos geniales arquitectos
y matemáticos, Antonio de Tralles e Isidoro de
Mileto, sus constructores (532-537; tras el hundimiento
y la nueva reconstrucción de la cúpula
se consagra por segunda vez en el 562). La iglesia se
eleva sobre la ciudad con su enorme volumen constituido
por grandes cubos y por una amplia cúpula. El
interior presenta un aspecto totalmente contrapuesto
a su exterior: amplio, despejado, ligero, parece haber
sido eximido de toda ley material. Un recinto cupular
gigantesco, cuadrado, forma el centro del edificio;
sobre cuatro anchas arcadas de pilares flota la cúpula
lisa, inmersa en una luz sobrenatural gracias a las
cuarenta ventanas que se abren en su arranque. Al este
y al oeste su enorme empuje se distribuye sobre medias
cúpulas de diámetros iguales (33 m.),
sustentadas por pilares dispuestos octo-gonalmente y
contrarrestados a su vez por tres nichos que se abren
en arcadas entre ellas. En el norte y en el sur, los
grandes arcos de la cúpula abrazan, cada uno,
dos filas de columnas y de ventanas. Una serie de dependencias
laterales rodea este enorme espacio a modo de capa óptico
espacial
(excepto el nicho medio retranqueado en el oeste, es
decir, el del recinto de altar): naves laterales con
galerías altas, que forman una fuga de salas
independientes, y en el oeste un nártex con una
galería encima. Estas complicadas formas de recintos
y bóvedas ofrecen perspectivas extraordinariamente
ricas; contrastan con la amplitud, la abundancia de
luz y la armonía del recinto principal, en el
que las tremendas tensiones de los bovedajes, de las
verticales (pilares) y horizontales (arcadas y cornisas
circundantes por todas partes) están plenamente
equilibradas. La estructura arquitectónica está
cubierta especialmente por el revestimiento de las paredes
con placas e incrustaciones polícromas de mármol,
y el de las bóvedas con mosaico (gran cantidad
de oro), y también por la dilución del
ornamento arquitectónico incorpóreo, claroscuro.La
iglesia de Santa Sofía constituye la cumbre absoluta
de un arte clásico en el que han alcanzado su
punto culminante dos corrientes o tradiciones artísticas
distintas: de un lado las tradiciones arquitectónicas
y decorativas del arte clásico (helenístico
y romano), y de otro, el estilo de los edificios abovedados
del arte paleocristiano y del Asia Menor; al mismo tiempo,
en el sistema de la distribución de espacio y
paredes se establecen las bases de la arquitectura medieval.Existen
otros monumentos que caracterizan el alto nivel alcanzado
por la arquitectura justinianea. En la' iglesia de los
Santos Sergio y Baco, Constantinopla (527-536), el tipo
del edificio central octogonal, que procede del arte
paleocristiano, se transforma en un nuevo estilo monumental
de formas especiales jerárquicamente interrelacionadas.
Ocho recios pilares sustentan la cúpula gallonada
dominante. Entre las arcadas de pilares, los muros que
se dirigen hacia la galería cuadrada circundante
se diluyen por columnas con arquitrabes y arcadas en
la galería alta. En las diagonales se abrieron
nichos, y sólo el recinto más ancho y
más profundo del altar conquista toda su altura.
Relacionada con esta iglesia está la de San Vital
en RÁvena (538-547) en la que, en lugar
de la proporción ancha y serena, dominan en el
octógono central empinadas verticales: los altos
pilares se yerguen sin ninguna intersección de
cornisas; entre éstos están tendidos unos
esbeltos nichos partidos por arcadas que semejan finas
membranas; un tambor eleva la cúpula. En dinámico
contraste, el eje longitudinal hacia el altar determina
el acento propio del recinto: ante el ábside
se introduce un profundo tramo de coro totalmente abierto.
En San Vital están prefigurados ya los rasgos
estilísticos esenciales de la arquitectura occidental
de la Edad Media (por ejemplo, el verticalismo).mas
especiales jerárquicamente interrelacionadas.
Ocho recios pilares sustentan la cúpula gallonada
dominante. Entre las arcadas de pilares, los muros que
se dirigen hacia la galería cuadrada circundante
se diluyen por columnas con arquitrabes y arcadas en
la galería alta. En las diagonales se abrieron
nichos, y sólo el recinto más ancho y
más profundo del altar conquista toda su altura.
Relacionada con esta iglesia está la de San Vital
en Ravena (538-547) en la que, en lugar de la
proporción ancha y serena, dominan en el octógono
central empinadas verticales: los altos pilares se yerguen
sin ninguna intersección de cornisas; entre éstos
están tendidos unos esbeltos nichos partidos
por arcadas que semejan finas membranas; un tambor eleva
la cúpula. En dinámico contraste, el eje
longitudinal hacia el altar determina el acento propio
del recinto: ante el ábside se introduce un profundo
tramo de coro totalmente abierto. En San Vital están
prefigurados ya los rasgos estilísticos esenciales
de la arquitectura occidental de la Edad Media (por
ejemplo, el verticalismo).
De
las muchas iglesias destruidas que difundían
antes el sistema y el estilo de la arquitectura de la
capital por todo el Imperio, citaremos sólo el
tipo de la iglesia de los Apóstoles de Constantinopla
y la de San Juan en Efeso: cinco (o bien seis) células
espaciales amplias y luminosas cúpulas sobre
arcadas de pilares se disponen en forma de cruz; sus
muros exteriores están articulados en forma de
basílica, y les acompañan naves laterales
y galerías altas formando espacios más
oscuros. Este tipo arquitectónico es el que se
adopta en el s. xi en San Marcos de Venecia y
en el s. xn en Francia ,
Después
de esta breve fase clásica se produce una reacción
contra el ilusionismo espacial justinianeo, con retrocesos
hacia las tradiciones arquitectónicas más
antiguas. Con la transformación general de la
estética y la mayor adaptación, en la
construcción de iglesias, a la concepción
teológica se realiza un cambio decisivo de tipos
y de estilos. Las iglesias de finales del siglo vi hasta
el s. vm tienen un aspecto macizo y cúbico, con
una apariencia fragmentaria y ambigua en las relaciones
de las partes del recinto y las paredes el contenido
simbólico de las formas se desprende de su carácter
racional y claro. Su núcleo lo constituye un
recinto central cupulado sobre cuatro pilares, cuyo
macizo espesor se plasma claramente en las cuatro bóvedas
de cañón que les unen. Informa a este
espacio central una dirección longitudinal, resultante
de grupos de arcadas que articulan las paredes laterales
de relleno, las naves laterales y el profundo tramo
ante el ábside. Este forma con los ábsides
laterales (pastoforias) un espacio unitario transversal;
al oeste se forma un segundo transepto con el nártex.
Una innovación muy importante la constituye la
perforación de los pesados pilares cupulares,
que se logra de dos modos: primero mediante estrechos
corredores y, más tarde, por pequeños
espacios en forma de bóveda de arista, donde
el volumen de dichos pilares queda absorbido, y la presión
de la bóveda se distribuye bien sobre la pared,
bien sobre los delgados y esbeltos pilares que sustentan
el centro del recinto. A estas dependencias angulares
se añaden, en el este, ábsides propios.
Pronto se eliminan por completo las naves laterales
exteriores.
De
este modo, tras una evolución consecuente y lógica,
se crea, en la segunda mitad del s. ix, el tipo ya maduro
y clásico de la iglesia de cúpula de crucero
. El recinto principal, cuadrado y central (naos), está
dominado por el bovedaje de crucería, con la
cúpula en el centro. A esta unidad espacial primaria
se subordinan los pequeños recintos con bóveda
de arista que se encuentran entre los brazos de la cruz,
y que más tarde también están copulados,
e igualmente el nártex al oeste (dos frecuentemente)
y los tres ábsides al este, de los cuales el
central aumenta el sentido espacial con su mayor altura
y anchura. Este tipo de edificio es el que se convierte
en normativo y sigue vigente en la arquitectura posterior
del Imperio bizantino. Ciertamente, hay variación
de un edificio a otro en planta y en alzado, en medidas,
estilos y formas particulares, pero siempre domina la
cúpula sobre la cruz, que no aparece como carga
sustentada, sino que desciende, como una esfera celeste
que descansa en sí misma, sobre la proligidad
terrenal, casi caótica, de los miembros de los
espacios inferiores. De este modo, la distribución
y articulación jerárquicas de la iglesia
símbolo del orden cósmico están
en perfecta correspondencia con el pensamiento bizantino
en todos los ámbitos y aspectos de la vida.
Las
primeras iglesias de cúpula de crucero (la más
importante fue la antaño famosísima Iglesia
Nueva del emperador Basilio I(881) son bajas, anchas
y sólidas, pero el revestimiento de las bóvedas
con mosaico y de las paredes con mármol de colores,
que procede del arte justinianeo, produce una desmaterialización
óptica del volumen arquitectónico. Desde
el s. x domina en todas las iglesias una tendencia vertical
y una claridad cristalina en la estructuración
espacial. Los recintos son altos, sobre una planta estrecha
(diámetro de la cúpula, de 3,50 a 7 m.)
y los cuatro pilares bajo la cúpula sumamente
estilizados. A éstos se les sustituye desde el
s. xi o xn por columnas, y corno en esa época
se cuida más el equilibrio de las proporciones,
estas iglesias ofrecen una apariencia particularmente
armónica por su ligereza y claridad: las zonas
abovedadas parecen flotar y el espacio inferior produce
una impresión de h ol g u r a (Constantinopla,
Kilisse Djami , iglesia del Pantocrátor; Hosios
Lukas, iglesia lateral).
Además,
la apariencia externa de las iglesias bizantinas que
constituían, al principio, una masa sólida
y poco articulada comienza a estructurarse en cubos
plásticos, a partir del desarrollo de la cúpula
de crucero.Dentro de un cuerpo arquitectónico
cerrado, en el que se establece una gradación
entre basamento, nártex, ábsides, cúpulas
laterales, bóveda de crucería v cúpula
sobre tambor alto, se marca el mismo orden jerárquico
que en el interior; ni fachadas ni torres añaden
acentos suplementarios. Ya a partir del siglo xi, pero
especialmente desde la época bizantina tardía,
se imprime un vivo ritmo en los muros por medio de una
decoración plástica y cromática.
Listeles, nichos, arquerías ciegas escalonadas,
cornisas y arcadas que sirven de enmarque proporcionan
un movido relieve a la pared, cuyo efecto pictórico
está acentuado por el variado colorido de las
capas de ladrillos, piedra y mortero, y más tarde
también por la cerámica en color (por
ejemplo, Fethiye Djami .Procedente de Constantinopla,
se difundió por Grecia un importante tipo particular
de iglesia con cúpula de crucero. En ella, el
recinto cupular se extiende por encima de los brazos
de la cruz y se eliminan los cuatro apoyos centrales,
de manera que se forma un gran espacio cuadrangular,
desde el que se tienden unos nichos angulares (trompas)
a la circunferencia de la cúpula. Los brazos
de la cruz se adentran en las naves laterales. En edificio
más importante de este grupo que también
lo es por sus adornos de mármol y mosaicos, conservados
casi íntegros, en Hosios Lukas (segundo cuarto
del siglo xi) , las naves laterales están cruzadas
por altas galerías circundantes. La anchura del
despejado recinto cupular, la tendencia vertical, amortiguada
por las horizontales de los pisos y cornisas, y la estructura
ópticamente estilizada de las paredes, articuladas
por nichos y delicadas arcadas, producen, en conjunto,
la sensación de una monumentalidad muy equilibrada.Los
países eslavos constituyen zonas de irradiación
importantes de la arquitectura bizantina. En los reinos
de los Balcanes, la tradición de tipos de iglesias
más antiguos y sencillos basílica, iglesia
en cruz y otros conduce a estilos regionales. En estos
países, la iglesia de cúpula de crucero
experimenta también múltiples transformaciones.
Junto a los influjos bizantinos dominan tes aparecen
formas románicas y más
tarde, góticas. Fue en Rusia,sin embargo, donde
se continuaron,de manera más impresionante, las
tendencias de la arquitectura
bizantina. La construcción rusa de
iglesias parte de la cúpula de crucero con cinco
naves en las dos grandes iglesias de Santa Sofía
en Kiev y Novgorod , primera mitad del s. xi. Su progresivo
desarrollo conduce a edificios extremadamente empinados
sobre una estrecha planta. El interior es una sencilla
sala cupular, y la edificación exterior un alto
cubo de composición vertical y terminales superiores
en forma de cruz o frontones. De dicho cubo brota la
alta cúpula central frecuentemente cúpula
bulbosa en forma de torre (iglesias de Novgorod, Wladimir
y otras). Arquitectos occidentales continuarán
este tipo de edificación, así como también
la iglesia de cúpula de crucero, en los ss. xv
y xvi. La composición del exterior, sin embargo,
está condicionada por la arquitectura de comienzos
del Renacimiento (Moscú: Kremlin; catedrales
de Koimesis y de la Anunciación, etc.).
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