Divisas y cambios

Divisas y Cambisos pulsen para ir al citio

 

               

 

 


    PRESENTACION    

 Son cada dia mas numerosos los grupos de personas que organizados por Parroquias u olras entidades de tipo religioso peregrinan, de la mano de las dislintas Agendas u Organizaciones especializadas en el tema religioso,hacienda la Rula de San Pablo, tanto por el Asia menor-hoy Turquia- como por Crecia.  Los guias locales de estos dospaises explican e ilustran a losperegrinos en muchos aspectos de tipo historico, geografico y arqueologico. tambien hacen referenda al aspecto religioso cristiano. Pero, no siempre se insiste lanlo en este aspecto ultimo. Nuestras peregrinadones a la ruta de San Pablo no son solamente viajes de recreo o de turismo. Sin renunciara  todos estos aspectos, intentamos que nuestros peregrinos completen la Peregrination a Tierra Santa y descubran que esla lierra -el Asia Menor- fue una encrucijada  imporiante en la extension del crislianismo y que aqui florecieron en otros tiempos comunidades cristianas verdaderamente importantes e influyentes; Que estos caminos fueron recorridos por San Pablo -El Primero despues del Unico, Que algunas  de eslas Iglesias fueron dirigidas las Cartas a las Siete Iglesias del Apocalipsis; Que en esta tierra se celebraron losprimeros Concilios Ecumenicos, concilios  en los que se explicilo nuestra fe  cristiana cuando se  vio seriamenle zarandeada por herejias e interpretations erroneas; Que enestas  Iglesias y en estos concilios se oyo la voz de tantos Santos Padres,interprets y defensores de la fe, martires muchos de ellos, y que con  sus escrilos iluminaron los momentos de duda o de tiniebla.Para "lleriar esta laguna" de information cristiana he creido convenienle preparar estos "apuntes",  con  el fin de  que nuestros peregrinos conozcan estos aspectos que normalmente no vienen en la guias o libros que pueden comprar a la largo de la Ruta de San Pablo.@@@@@@@@@@@@

Los siete mensajes a las Iglesias del Asia Menor revisten todos la misma forma. La expresión «esto dice el que....», empleada para in¬troducir el mensaje, recuerda la solemnidad con que los Profetas del Antiguo Testamento comenzaban los mensajes de Dios destinados al pueblo.

La expresión «conozco tus obras» sirve para describir el estado pre¬sente de la iglesia cristiana de cada ciudad. Después de sacarlo a ple¬na luz, su autor dirige a cada una palabras de exhortación o de re¬prensión, invitándola a convertirse o a mantener hasta el final la fi¬delidad.

EI mensaje concluye prometiendo a los vencedores la felicidad eter¬na junto a Dios. Cada promesa está expresada con imágenes toma¬das de la felicidad que respira la nueva Jerusalén.

Las palabras «quien tenga oídos, oiga», nos recuerdan que el men¬saje a cada iglesia es actual. Las situaciones que describen estos dos capítulos se reproducen en las cristiandades de todos los tiempos. Siempre la Iglesia se verá perseguida, amenazada por las herejías,y siempre experimentará la debilitación de su amor. Y hoy continúa Jesucristo velando sobre ella y exhortándola con las mismas pala¬bras del Espíritu de profecía.

(Cfr. Biblia para la Iniciación Cristiana, 2. Secretariado Nacional de Catcquesis. Introducción a las Siete Cartas del Apocalipsis).

Nota: Las breves introducciones a las distintas Cartas están tomadas de la Biblia de Jerusalén. Edición Pastoral.

Carta a la Iglesia de de Efeso

Efeso, sede de un célebre templo pagano, simboliza el conflicto en¬tre el Cristianismo y la antigua religión. La comunidad de los cre¬yentes ha tenido que luchar con enemigos de fuera, pero también con falsos apóstoles de la Iglesia seducidos por las ideas del tiempo. Debe reemprender el combate, un tanto descuidado, puesto que, al final, está la recompensa.

Cartas del Apocalipsis

 

«Al Ángel de la Iglesia de Efeso, escribe: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que camina entre los siete can¬delabros de oro. Conozco tu conducta: tus fatigas y tu paciencia; y que no puedes soportar a los malvados y que pusiste a prueba a los que se llamaba apóstoles sin serlo y descubriste su engaño. Tie¬nes paciencia y has sufrido por mi nombre sin desfallecer. Pero ten¬go contra ti que has perdido tu amor de antes. Date cuenta, pues, de dónde has caído, arrepiéntete y vuelve a tu primera conducta. Si no, iré donde ti y cambiaré de su lugar tu candelabro, si no te arrepientes. Tienes en cambio a tu favor que detestas el proceder de los nicolaítas, que yo también detesto. EI que tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias; al Vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios».

(Apc. 2, 1-7).

Carta a la Iglesia de Esmirna

Esta ciudad, destruida por un terremoto y reconstruida con magni¬ficencia, debe su nuevo esplendor al emperador de Roma. Se im¬pone, pues, el culto al César. Para los cristianos es fuente de tribu¬laciones. Hay, además, conflictos con el judaismo. Las penalidades van a aumentar. Que la iglesia, heredera del auténtico Israel, se man¬tenga fiel hasta la muerte. Revivirá como revivió la ciudad.

«Al Ángel de la Iglesia de Esmirna escribe: esto dice el Primero y el Ultimo, el que estuvo muerto y revivió. Conozco tu tribulación y tu pobreza, aunque eres rico, y las calumnias de los que se lla¬man judíos sin serlo y son en realidad una sinagoga de Satanás. No temas por lo que vas a sufrir: el Diablo va a meter a algunos de vo¬sotros en la cárcel para que seáis tentados, y sufriréis una tribula¬ción de diez días. Mantente fiel hasta la muerte y te daré la coro¬na de la vida. EI que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: EI vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda».

(Apc. 2,8-11).

Carta a la Iglesia de Pérgamo

¡Ciudad de Satanás! En ella florecen los cultos de Zeus, el Askle¬pios (Esculapio, el dios curandero) y también del Emperador. No se dejen seducir los fieles por la magia representada antaño por Bala-án (Núm. 22-24). Si la iglesia reacciona, recibirá una prenda del fa¬vor divino.

«Al Ángel de la Iglesia de Pérgamo escribe: esto dice el que tiene la espada aguda de dos filos. Sé dónde vives: donde está el trono de Satanás. Eres fiel a mi nombre y no has renegado de mi fe, ni siquiera en los días de Antipas, mi testigo fiel, que fue muerto en¬tre vosotros, ahí donde habita Satanás. Pero tengo alguna cosa con¬tra ti: mantienes ahí algunos que sostienen la doctrina de Balaán,

 

que enseñaba a Balaq a poner tropiezos a los hijos de Israel para que comieran carnes inmoladas a los ídolos, y fornicaran. Así tú también mantienes algunos que sostienen la doctrina de los nico¬laítas. Arrepiéntete, pues; si no, iré pronto donde ti y lucharé con¬tra esos con la espada de mi boca. EI que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: al vencedor le daré maná escondido; y le daré también una piedrecita blanca, y, grabado en la piedreci-ta, un nombre nuevo que nadie conoce, sino el que lo recibe»

(Apc. 2,12-17).

Carta a la Iglesia de Tiatira

En esta ciudad mercantil la iglesia prospera espiritualmente. Sin em¬bargo, una mujer hace la obra de Jezabel, que en otro tiempo apar¬taba al pueblo de Dios del culto verdadero. ¡ Ay de ella y de los que la siguen! Perserveren los que le hacen frente. Pronto alcanzarán el triunfo.

«Escribe al Ángel de la Iglesia de Tiatira: esto dice el Hijo de Dios, cuyos ojos son como llama de fuego y cuyos pies parecen de me¬tal precioso. Conozco tu conduzca: tu caridad, tu fe, tu espíritu de servicio, tu paciencia; tus obras últimas sobrepujan a las primeras. Pero tengo contra ti que toleras a Jezabel, esa mujer que se llama profetisa y está enseñando y engañando a mis siervos para que for¬niquen y coman carne inmolada a los ídolos. Le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornica¬ción. Mira, a ella voy a arrojarla al lecho del dolor y a los que adul¬teran con ella, a una gran tribulación, si no se arrepienten de sus obras. Y a sus hijos les voy a herir de muerte: así sabrán todas las iglesias que yo soy el que sondea los ríñones y los corazones y yo os daré a cada uno según sus obras.

Pero a vosotros, a los demás de Tiatira, que no compartís esa doc¬trina, que no conocéis las profundidades de Satanás, como ellos di¬cen, os digo: no os impongo ninguna otra carga; sólo que manten¬gáis firmemente hasta mi vuelta lo que ya tenéis. Al vencedor, al que se mantenga fiel a mis obras hasta el fin, le daré poder sobre las naciones: las regirá con cetro de hierro, como se quebrantan las piezas de arcilla. Yo también lo he recibido de mi Padre. Y le daré el Lucero del alba. EI que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias».

(Apc. 2,18-29).

Carta a la Iglesia de Sardes

En este centro de industria textil, la iglesia ha sucumbido a una autosatisfacción mortal. Dios se presentará en ella como un la¬drón, como lo hicieron antaño los persas y los griegos y se apo¬deraron de esta ciudad tenida como inexpugnable. ¡Despierten los cristianos!  

«Al Ángel de la Iglesia de Sardes escribe: esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas. Conozco tu conducta: tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Ponte en vela, reanima lo que te queda y está a punto de morir. Peus no he encontrado tus obras llenas a los ojos de Dios. Acuérdate, por tan¬to, de cómo recibiste y oíste mi Palabra: guárdala y arrepiéntete. Porque si no estás en vela, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. Tienes, no obstante, en Sardes unos pocos que no han manchado sus vestidos. Ellos andarán conmigo vestidos de blanco; porque lo merecen. EI vencedor será así revestido de blan¬cas vestiduras y no borraré su nombre del libro de la vida, sino que me declararé por él delante de mi Padre y de sus Angeles. EI que tenga oído, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias».

(Apc. 3,1-6).

Carta a la Iglesia de Filadelfia

Esta ciudad, «puerta de Oriente», sufría frecuentes terremotos. La Iglesia de allí, aunque débil, es animosa. Lo ha demostrado en la con¬frontación con el judaismo, que pretende poseer las llaves del reino divino. Sus fieles serán como las columnas del Templo de Dios, con la señal del Señor grabada en ellos (lo mismo que las columnas de la ciudad reconstruida llevaban grabados los nombres de persona¬jes importantes).

«Al Ángel de la Iglesia de Filadelfia escribe: esto dice el Santo, el Veraz, el que tiene la llave de David: si él abre, nadie puede cerrar; si él cierra, nadie puede abrir. Conozco tu conducta: mira que he abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar, porque aunque tie¬nes poco poder has guardado mi Palabra y no has renegado de mi nombre. Mira que te voy a entregar algunos de la sinagoga de Sa¬tanás, de los que se proclaman judíos y no lo son, sino que mien¬ten; yo haré que vayan a postrarse delante de tus pies para que se¬pan que yo te he amado. Ya que has guardado mi recomendación de ser paciente, también yo te guardaré de la hora de la prueba que va a venir sobre el mundo entero para probar a los habitantes de la tierra. Vengo pronto; manten con firmeza lo que tienes para que na¬die te arrebate la corona. Al vencedor le pondré de columna en el santuario de mi Dios, y no saldrá fuera ya más; y grabaré en él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que baja del cielo enviada por mi Dios, y mi nombre nue¬vo. EI que tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las Iglesias».

(Apc. 3,7-13).

Carta a la Iglesia de Laodicea

Laodicea, rica ciudad, orgullosa de sus telares, sus bancos, su escuela de medicina (donde se curaban los ojos) y sus aguas termales. Pero la iglesia de allí, a pesar de las apariencias, es tibia, ciega y pobre. Arrepiéntase y abra la puerta del Señor que llama (alusión al Cantar de los Cantares 5,2 y a la liturgia pascual). Si recibe al Señor en su mesa, será recibida a su vez en la mesa del Reino.''Al Ángel de la Iglesia de Laodicea escribe: Así habla el Amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación de Dios. Conoz¬co tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o ca¬liente! Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca. Tú dices: Soy rico; me he enriquecido; nada me falta. Y no te das cuenta de que eres un desgraciado, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego para que te enriquezcas, vestidos blancos para que te cubras, y no quede al descubierto la vergüenza de tu desnudez, y un colirio para que te des en los ojos y recobres la vis¬ta. Yo a los que amo los reprendo y corrijo. Sé, pues, ferviente y arrepiéntete. Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y comeré con él y él conmigo. Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono. EI que tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 

 

   

    

 

 

                                     

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