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....carácter peculiar durante generaciones-y
el lugar donde se sintetizan las antiguas tradiciones y de donde surgen
renovadas orientaciones estilísticas. De esta ciudad irradia, bien
íntegro, bien debilitado y transformado, el arte bizantino más
genuino y se difunde a través del Imperio hacia los países
eslavos, que desarrollan a partir de él unas formas artísticas
propias y fecundas, y hacia el Occidente (en el arte carolingio y en el
del Imperio germánico de Ia época de los Otones, con expansión
posterior sobre toda Europa en el Románico y en los ss. xn y xm,
especialmente en Italia-Ia llamada maniera greca-, etcétera).
Análogamente a Ia arquitectura, Ia época de Justiniano también
constituye una fase clásica en las artes figurativas, que hace
madurar viejas tendencias estilísticas, produce otras nuevas y
fusiona las particularidades regionales en Ia síntesis de un estilo
imperial. Puestas sus bases desde el 500 aproximadamente, el estilo justinianeo
está representado en el segundo cuarto del siglo por obras de todos
los géneros artísticos (entre los trabajos en marfil, por
ejemplo, Ia cátedra del obispo Maximiano, Káve-na), sobre
todo en los grandiosos conjuntos de mosaico, de escenas y ornamentación
en el presbiterio de San Vital en Rávena [160], creados por artistas
de Constantinopla. Una severa monumentalidad, hasta entonces desconocida,
una vigorosa armonía y una extraordinaria finura en los efectos
estéticos y en los medios técnicos caracterizan a las obras
de esta época. Las figuras son corpóreas, anchas, con frecuencia
orgánicas en gran medida bajo un renovado influjo de Ia Antigüedad
clásica; sin embargo, se sitúan en delgadas capas en el
espacio y tienen una composición rígida, generalmente simétrica,
que articula Ia superficie del cuadro con un ritmo claro y amplio de formas
y de líneas. Las cabezas producen el efecto, de expresivos retratos,
pero se puede observar cómo, mediante Ia estructura de su composición
y las firmes líneas de los contornos, se consigue que las características
simbólicas e intemporales destaquen sobre cualquier particularidad
individual. La conjunción de los colores, sumamente preciosos y
ricos en matices, se auna con Ia refinada iluminación en una armonía
de suntuosidad supraterrena. En esta tensión dinámica entre
Ia forma aislada individual y detallada y Ia composición totalizadora
supraordena-da y hierático-representativa, en Ia ambivalencia de
lo realista y lo simbólico, de lo temporal y lo intemporal, se
anuncian ya las cualidades formales y expresivas de Ia Edad Media tanto
en Oriente como en Occidente.
La pintura de libros, un género artístico típicamente
medieval, pas í en esta época al primer plano con algunas
obras de excelente calidad. Las miniaturas están aún más
fuertemente subordinadas al libro que las pinturas monumentales a Ia arquitectura:
tanto por el contenido, como ilustración de textos generalmente
religiosos, cuanto por Ia forma, dentro de Ia unidad estética de
escritura, imagen y ornamento. EI estilo de Ia época y los hábitos
de taller, transmitidos durante mucho tiempo, marcan el tono estilístico
básico. Pero éste varía mucho, incluso a veces en
un mismo libro, por Ia utilización de diferentes modelos, con frecuencia
mucho más antiguos, por las diversas maneras de decoración
(por ejemplo, imágenes completas al principio del libro o ilustraciones
incluidas entre el texto), por Ia adaptación de Ia forma de representación
del contenido del libro, etc. De esta manera, Ia pintura miniada resulta
un arte sumamente polifacético, multiforme y personal, a pesar
de su anonimato. Su riqueza se refleja ya en los manuscritos conservados
del s. VI. EI Génesis de Víena [161] conserva de sus antecedentes
de época helenística, en los tres lujosos libros con pergamino
coloreado en púrpura y escritura en plata, el relato genéricamente
rico, que alinea con frecuencia las escenas correlativamente; Ia inserción
de figuras móviles, de suave plasticidad en el paisaje y el espacio
atmosférico; Ia manera impresionista de pintar, y los colores claros
y vigorosos. En los dos fragmentos del Evangelio emparentados con él
(en París y Rossano [162]), Ia severa composición de Ia
superficie, que prescinde del ilusionismo espacial, el dramático
aislamiento y Ia agrupación de las figuras de grandes gestos, y
los colores, ricos en contrastes, están plenamente al servicio
de su contenido religioso y litúrgico. En el Evangeliario de Rábula,
sirio, del año 586, podemos observar una transformación
distinta de los modelos de Ia Antigüedad clásica: su estilo
expresivo y realista enlaza con los antiguos medios figurativos (escorzos,
¡perspectiva lumínica en color), con Ia composición
simétrica, los gestos enérgicos, las pinceladas amplias
y Ia aplicación de colores fuerte y claramente expresiva. En Ia
evolución estilística de Ia época postjustinianea
se distinguen dos corrientes. Una de ellas se manifiesta en Ia pervivencia
ininte....
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