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.gunos santos; a ello se añade frecuentemente el Juicio Final,
ciclos del Antiguo Testamento y alegorías religiosas Mucho menos
ligada a un determinado programa está Ia pintura de libros. A Ia
mayoría de los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento se les
añaden amplios ciclos de imágenes que con frecuencia ilustran
literalmente escena por escena (por ejemplo, Génesis, Job, Salmos,
Evangelios). También las leyendas (como Ia vida apócrifa
de María) y los calendarios de santos (menologías) están
provistos de amplias escenas representativas. Estas ilustraciones, que
se remontan en parte a Ia época paleocristiana, se siguen copiando
durante siglos: con ellas se componen, mediante diferentes selecciones
y combinaciones, nuevos tipos de imágenes, nuevos ciclos, que acompañan
como comentario figurativo los textos más diversos (leccionarios,
colecciones de sermones, etc.). Así, Ia pintura miniada desarrolla
y transmite un amplio repertorio escenográfico, al que recurren
asimismo las restantes artes figurativas.
EI cuadro religioso sobre tabla", el icono, tiene una importancia
y función especiales en el arte bizantino. Los iconos de santos,
conocidos ya desde el s. iv como representaciones de mártires,
se convierten en el s. vil en objeto de una iconodulía a veces
abusiva, que provoca Ia lucha de los iconoclastas. La doctrina ortodoxa
sobre las imágenes impone el predominio de ciertos temas, así
como el tipo y Ia misión de los iconos. Se representan, sobre todo,
Cristo y María, y posteriormente también ángeles
y santos, según el orden marcado por las fiestas del calendario,
o con escenas de su vida, y además cuadros festivos, etc. En Ia
pintura de
iconos se conservan con especial rigidez e inmutabilidad tipos
fijos en Ia configuración de rostros, posturas y ademanes, así
como Ia frontálidad y Ia espiritualización visionaria, con
lo cual se intenta lograr Ia autenticidad exigida y Ia mágica relación
con el original. Como objeto sagrado, los iconos desempeñan un
papel importante tanto en Ia liturgia como en Ia devoción privada.
En Ia época bizantina tardía se desarrolla Ia gran pared
de cuadros (iconostasis), que separa el presbiterio del recinto de Ia
comunidad de los fieles; en Rusia especialmente adquiere proporciones
gigantescas, llegando a tener hasta cinco filas de cuadros La pintura,
tanto por sus temas como por su esencia, destaca, con mucho, entre las
demás artes figurativas de Ia época bizantina. La escultura
de bulto redondo y el relieve monumental se extinguen por completo, sobre
todo desde Ia lucha de los iconoclastas; sólo el relieve de pequeño
formato-marfil, trabajos en metal se utilizará para fines religiosos
y profanos (pequeños altares caseros, cajas, utensilios de altar).
Entre los géneros de Ia pintura, el de más alto rango es
el mosaico. Su preciosismo y su luminosa fuerza, que le igualan a las
gemas, refleja con Ia mayor pureza el carácter sobrenatural, inmaterial
y sagrado de las verdades de fe representadas; el mosaico, por sus refinados
métodos de tratamiento, constituye Ia técnica más
apropiada para lograr, en las bóvedas del recinto de Ia iglesia,
a Ia par que Ia máxima luminosidad y una gran riqueza cromática,
una nueva vida en las superficies. EI esmalte, con sus pastas cromáticas,
transparentes y luminosas, aplicado entre tabiques y marcos de oro, es
el material que más se aproxima a las cualidades estéticas
del mosaico. La pintura mural y Ia de libros buscan en parte imitar Ia
suntuosidad y k más sólida estructura de colores y formas
propias de los géneros superiores, pero generalmente tienden, por
Ia soltura de sus técnicas, hacia una mayor libertad en el relato
detallado y en los medios más marcadamente gráfico abstractos
o pictórico ilusionistas de Ia configuración formal.
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La idiosincrasia formal de Ia pintura bizantina-independientemente
de todas las peculiaridades y evoluciones estilísticas-está
determinada'por dos rasgos esenciales. EI arte bizantino, a diferencia
del de Ia Edad Media occidental, no perdió nunca contacto con Ia
Antigüedad ülásica. Conserva de Ia época helenística
Ia importancia primaria de Ia figura humana en Ia composición y
Ia forma del cuadro, Ia concepción de movimiento del cuerpo-incluso
en su incorrección anatómica-, Ia evidencia y Ia claridad
visual de Ia acción, un sentido seguro de Ia medida y Ia armonía-igualmente
alejado del "pathos" extremo y de Ia suma abstracción-
y un increíble refinamiento en Ia estructuración del cuadro,
en Ia aplicación del color y oen Ia técnica. Esta vigencia
continua, aunque debilitada a veces, de Ia Antigüedad clásica
posibilita repetidas innovaciones de formas figurativas antiguas (en los
llamados renacimientos, entre otros, los del arte justinianeo, macedónico
y pa-leológico). EI segundo rasgo esencial de Ia pintura bizantina
reside en Ia subordinación de las medidas y las formas al simbolismo
y trascendencia del cuadro, aspecto que ya se cuidaba en Ia Antigüedad
clásica tardía y en el arte paleocristiano. Las formas y
medidas puramente simbólicas, Ia concentración sobre lo
temáticamente importante y Ia severa dignidad que intenta reflejar
al modelo sagrado constituyen Ia esencia del arte figurativo bizantino,
sobre todo desde que el cuadro se concibe como objeto de veneración
religiosa.
Sus medios formales son Ia frontálidad y Ia simetría; en
las representaciones de escenas, que suelen aparecer en tres cuartos de
perfil, se procura a Ia vez que Ia figura principal destaque por su tamaño
y aislamiento, así como que el lenguaje de los gestos sea intenso
y fácilmente interpretable. EI aplastamiento del cuadro y Ia renuncia
a una profundidad espacial autónoma e ilusionista son el resultado
de su orientación hacia el observador. La pintura monumental en
las iglesias de cúpula sobre crucero alcanza Ia tridimensional
id ad por un procedimiento específicamente bizantino: mediante
Ia ordenación de las superficies curvas de Ia cúpula, trompas
y nichos se enfrentan en el espacio y actúan "a través
del espacio físico" (O. Demus). EI espacio arquitectónico
real se convierte en espacio del cuadro, y así toda Ia iglesia
es un icono espa-. cia! que encierra y rodea al observador.
Las manifestaciones formales del arte bizantino forman una unidad indisoluble
con los contenidos espirituales y las doctrinas teológicas, que
cobran a través de ellas presencia visible. Su intención
es doctrinal y propagandística, al tiempo que reflejan el gusto
humanístico de una clase: el emperador y Ia Corte, Ia Iglesia y
el alto clero. Sólo en Ia última apoca del arte bizantino
un nuevo elemento, popular y monacal, adquiere influencia sobre el arte
culto y cortesano, al mismo tiempo que crece Ia participación personal
del artista en Ia evolución de das nuevas formas. Constantinopla
es ei centro de Ia actividad artística-con sus numerosos talleres,
que transmiten hereditariamente su.......