Divisas y cambios

Divisas y Cambisos pulsen para ir al citio

 

               
           

    En la Edad del Bronce reciente, Beycesultán perdió su importancia y pasó a ser la sede de un pequeño príncipe feudal. EI complejo de su palacio  que fue exca­vado parcialmente, contenía residencias en forma de mégara y cuadras cuidadosamente dispuestas. En otro lugar, un templo con un altar «cornudo»recordaba una vez más el simbolismo minoico   Otros Estados que aparecen en el mapa, aparte los llama­dos Tierras Altas y Bajas —ambos incluidos, tanto histórica como arqueológicamente, dentro de la esfera de influencia hitita directa— influyen sobre Kizzuwatna, sobre el cual los reyes hititas ejercieron una estrecha mediatización, por­que cubría sus líneas de comunicación para sus campañas en Siria. A fines de la primera Edad del Bronce, un pueblo llamado Hurri, procedente de las inmediaciones del Lago de Urmia, se había establecido en esta zona en calidad de clase dominante, y fue la esposa hurrita del rey Tudhali­yas IV la que introdujo un elemento también por aquel tiempo el importante Estado de Mitanni, cuyo territorio se extendía por la Asiría septentrional. Aparte éstos, el pueblo más activo, aunque oscuro históricamente, fue el de los bárba­ros Kaskaeanos del Ponto y Paflagonia, que parecen haber formado siempre un «segundo frente» en las guerras hi­titas Migración de los hititas hacia el Sur EI imperio hitita terminó casi simultáneamente con la caída de Troya, y coincidió con el comienzo de la Edad del Hierro. En los primeros años del primer milenio precris­tiano, los frigios de Tracia invadieron el país, barriéndolo hasta las laderas noroccidentales del Tauro y destruyendo las fortalezas imperiales del Halys

    . y los griegos. Es de lamentar que en este punto no arrojaran ninguna luz las excavaciones de la propia Troya homé­rica (establecimiento VII A), cuyos restos han sido destrui­dos en gran parte por los cimientos de edificaciones pos­teriores.

    Pasando a Arzawan —Estado con el cual los reyes hiti­tas parecen haberse hallado permanentemente en guerra sin lograr ninguna conquista duradera—, las excavaciones de Beycesultán demuestran que la ciudad exhumada parcial­mente allí tuvo, durante la época media de la Edad del Bronce, la categoría de capital de un Estado. Entre otros edificios fechables en el mismo período (1900-1750) se des­cubrió un palacio bastante espacioso construido esmeradamente en ladrillo y madera sobre cimientos de piedra. Sus comodidades, raras en aquellos tiempos, in­cluíanun sistema de pasadizos en los semisótanos, destina­dos tal vez a la circulación de aire caliente  durante el in­vierno. Y aun cuando la destrucción del edificio por el fue­go después del pillaje llevó consigo la desaparición de otros muchos testimonios valiosos, se tiene la impresión de que los arzavanos fueron gentes ricas y distinguidas. Había también un recinto amurallado, lleno de grandes dependen­cias administrativas, de un tipo que habría justificado el descubrimiento de archivos escritos. La circunstancia de no haberse encontrado allí material gráfico ha dado origen a cierta especulación sobre el empleo de materiales de escri­tura distintos de las tablillas de arcilla y que tal vez deca­yeron y se consumiero

    La historia política de la nación hitita no se cerró con la destrucción de Hattusas y la expulsión de los morado­res de su metrópoli anatolia. Impelidos hacia el Sur des­de las ciudades y los pastos de la meseta, descendieron, a través del Antitauro, al alto Valle del Eufrates, y ,siguieron avanzando por la llanura de Siria Septentrional. Aquéllas eran tierras familiares para ellos, porque sus soberanos ha­bían sido durante mucho tiempo vasallos de los reyes hiti­tas, y las ciudades habían pagado tributo al tesoro imperial. A la sazón integraban su pueblo varios elementos naciona­les: árameos procedentes de los territorios tribales del Sur, familias de hurritas e hititas expatriados, otrora relacio­nados con la administración imperial y el comercio. el elemento no hitita que formaba parte de su composición interna pre­servó, en cada una de ellas, su carácter individual e inde­pendiente. Así, pues, el régimen imperial fue sucedido, en la primera Edad del Hierro, por una extraña entidad his­tórica, durante la cual el mundo hitita se redujo a una cons­telación de pequeñas y desunidas ciudades-Estado que trataron, por medio de alianzas de toda clase, de mantener su independencia en la periferia del imperio asirio.Circunstancia curiosa, este período de cinco siglos, du­rante los cuales las ciudades se convirtieron frecuentemen­te en tributarias de los asirios y vivieron bajo una autori­dad no hitita cuando el elemento arameo de su población se impuso, nos ha legado una herencia arqueológica mucho mayor que la que debemos al régimen imperial que las ha­bía precedido. La suma de los testimonios tomados de esta fuente da un curioso cuadro de una civilización híbrida ex­tendida por una vasta superficie geográfica, que no se co­rresponde con ninguna otra convencionalmente definida de tiempos posteriores. La diversidad lingüística de las ins­cripciones y el complicado testimonio de influencias extra­ñas en el estilo escultórico, constituyen un indicio de ines­tabilidad política y de vacilantes destinos de los propios Estados

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