Divisas y cambios

Divisas y Cambisos pulsen para ir al citio

 

               

 

 

EI poderío de los hititas en el sudeste de Anatolia alcanzó su punto culminante bajo Suppiluliumas (1380-1355). Este rey fue quien atacó y venció a los mitanni. EI rey Niqomeda de Ugarit le pagó tributo en el siglo Xiv, y durante el siglo Xin, la dinastía de Ugarit era tributaria de los hititas. Los archivos de palacio revelan la intervención de los "grandes reyes" y de las "grandes reinas" de los hititas en los asuntos de la ciudad.La influencia hitita era de escasa importancia en los círculos artísticos de Canaán. Algunos objetos de metal labrados en Ugarit en el siglo xiv ilustran el arte siro-cananeo en su mejor fase de sincretismo, o combinación de divergentes tradiciones y estilos artísticos, con un estilo animal y adornos que revelan notables paralelismos en objetos de la tumba de Tutankhamón. Las figuras de una escudilla de oro poco profunda de Ras Shamra: toros alados, grifos, leones atacando a su presa y buitres volando, así como una escena de un combate entre un héroe y un león, pese a sus diversos orígenes, llegarían a ser algo corriente para los posteriores orfebres fenicios. Otra escudilla de oro de Ras Shamra muestra, en relieve, una escena de caza. Aunque realizada con prisa, la escena es de gran acción. Son las escudillas a que se hace referencia en la epopeya ugarítica de Baal: "Escudillas para un dios, decoradascon la imagen de fieras del Yemen y bueyes salvajes hasta diez mil." No se ha encontrado ningún objeto de tanto valor en la región siro-hitita, aunque un disco de oro repujado, encontrado en Izmir, en la parte occidental de Turquía, ofrece una idea de trabajos en metal de un estilo más septentrional. En él aparecen unos demonios con cuerpos que sostienen un disco solar hitita en cuanto a la forma, pero de estilo típicamente hurrita. Sin embargo, los animales y las palmeras pueden compararse con las figuras que adornan la escudilla de Ras Shamra. Las vastas relaciones comerciales de Ugarit poseían un fundamento en parte político. Los archivos de palacio nos revelan un episodio político que relaciona a la ciudad con la Isla de Chipre. Dos príncipes de Ugarit, Hishmi-Sharruma y Arad Sharruma, fueron desterrados a la Isla de Alasia.

 

 Unas tablillas que registran este juicio fueron redactadas por la reina viuda Anatmilku, en presencia de la realeza hitita y mitanni. del mar"Uno de los productos que ilustra la gran adaptabilidad de Ugarit y que nos ayuda a seguir el rastro de su comercio, es la loza fina de color azul celeste, invención egipcia copiada en Ugarit y en Enkomi. En este último lugar se han encontrado, copiados en este material, unos vasos micénicos en forma de estribo y una vasija egipcia en forma de pato; y unos vasos de loza en forma de cabezas de mujeres de pelorizado, que lucen sombreros negros de un tipo encontrado en Ras Shamra, también se hallan en Asur, Mari, Ur y Tell Abu Hawan, precursor del moderno puerto de Haifa.Desde el año 1200 a. J. C., aproximadamente, poseemos pruebas históricas y arqueológicas de una gran invasión de pueblos que desde el mar penetraron en los países, estrechamente relacionados entre sí, de Siria, Canaán, Chipre y Egipto. Sin embargo, es difícil determinar los efectos de tal invasión. Una de las tribus que se hallaba envuelta en este movimiento de pueblos llevaba el nombre de Danaana, y aparece de nuevo con el nombre de "Danuniyim", establecida en Cilicia en el siglo vin a. J. C. En este período parece ser que los danuniyim adoptaron el idioma fenicio. Unas inscripciones de una de sus fortalezas de Karatepe, en los montes de Cilicia, están redactadas en forma bilingüe, en hitita y fenicio, y es posible que hubiera un elemento     protofenicio o cananeo en los pueblos del mar en la época en que llegaron al Delta egipcio.

 Es curioso que entre los nombres de los diversos grupos étnicos que componían los pueblos del mar, conservados en fuentes egipcias, algunos parecen tener relación con las lenguas de pueblos que en el primer milenio aparecen en las tierras mediterráneas occidentales. Tales son los shrdn, hombres de alta estatura, barbados, con cascos provistos de cuernos según los describieron los egipcios ,relacionasonajes legendarios es de los que, en épocas posteriores, la realeza hitita pretendía derivar su descendencia, y una refundición hitita de un antiguo documento concerniente a ellos, suministra algunos interesantes pormenores de acon­tecimientos ocurridos en vida de sus presuntos ascendientes. Pithanas fue soberano de una ciudad llamada Kussara, • el documento da una lista impresionante de ciudades cercanas que conquistó. Un punto interesante es el que incluye el nombre de Nesa. Esta ciudad suministra el derivado nesita para el dialecto indoeuropeo, que cristalizó en una lengua independiente hablada por los hititas recientemente llegados, y tal vez en Nesa fue donde estos hititas habían empezado ya a concentrar sus fuerzas. Sea como fuere, Pithanas trató a la plaza conquistada con notable benevolencia, comprendiendo tal vez las ventajas que podían valerle una alianza con aquel nuevo y viril elemento de población. Su hijo Anittas incluso trasladó su capital de Kussara a Nesa, y es posible que con la ayuda de los carros de guerra y caballos hititas completara luego las conquistas iniciadas por su padre, apoderándose de Burushattum y granjeándose con ello el título de Gran Rey. EI hallazgo, en un edificio público de Kültepe, de una punta de lanza de bronce con la simple inscripción «palacio de Anittas» da, naturalmente, mayor verosimilitud a todo lo dicho. Sea como fuere, no cabe duda de que en el transcurso de las primeras décadas del siglo vn a. J. C., los hititas fueron relegando gradualmente a los hatti indígenas, y en los siglos posteriores la historia de Anatolia ha de referirse, sobre todo, a los destinos de este notable pueblo Una de las pocas ciudades reseñadas en la relación de las conquistas de Anittas cuyas identidad puede establecerse es Hattusas, conocida hoy con el nombre de Boghazkóy.

Su situación en el centro de la provincia, delimitada por la curva del río Halys, debió de ser realmente estratégica, ya que uno de los primeros reyes hititas trasladó allí su capital, abandonando Kussara. En adelante, Hattusas fue la sede dinástica de los reyes-emperadores hititas y el centro de su civilización. Excavaciones efectuadas en Boghazkóy dieron por resultado el hallazgo de sus archivos oficiales. La información contenida en dichos archivos suministraría hoy material suficiente para escribir un tratado histórico con los nombres de los reyes, las campañas y fechas de las diversas batallas y los tratados, así como capítulos relativos a la organización social, economía, legislación y religión.Pero este enorme acopio de datos no puede resumirse pro vechosamente, por lo cual habremos de limitarnos a señalar un lugar al nivel cultural de los hititas entre las naciones contemporáneas y su contribución a la civilización universal, Ningún historiador actual se dejaría engañar por la grandi locuente fraseología y las extravagantes jactancias con que los monarcas hititas adornaban sus anales. Sin embargo, en estos mismos documentos se citan de vez en cuando episodios de escasa importancia o circunstancias incidentales, registradas sin aparente propósito de impresionar a la posteridad, que, no obstante, prueban el respeto que causaban las proezas bélicas de los hititas y su autoridad política entre las demás potencias de la época en aquel ámbito geográfico. Incluso durante la fase primitiva de su historia Antiguo Reinoencontramos el episodio auténtico e irre futable, en el que Mursilis I, en una campaña cuyos  triunfos debieron de superar sus más fantásticas esperanzas, penetro en Mesopotamia, avanzó hasta las mismas murallas i de Babilonia, y, encontrando a sus defensores despreveni • dos, se apoderó de la capital y dio muerte a su rey amerita, i Más tarde, en tiempos del Imperio, tenemos también el in teresante cuadro de Suppiluliumas, el más ilustre delos con quistadores hititas, recibiendo a los enviados egipcios míentras está acampado ante Kadesh y escucha, con incrédulo   azoramiento, el mensaje de su soberana, la viuda de Tutankhamón, ofreciéndose como esposa de uno de sus hijos. En efecto, el matrimonio se celebró tras el famoso tratado concertado entre los dos reinos en el 1269 a. J. C,, si bien en este caso entre una princesa hitita y un faraón egipcio.

           

 

 

 

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