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Los
frigios
En
la Anatolia frigia, la primera Edad del Hierro está
representada por sepulturas excavadas en las rocas y
por templetes de «culto acuático»
esculpidos imitando fachadas de edificios, así
como por la capital, Gordium, a orillas del Río
Sangarios (Sakarya), que recientes excavaciones han
sacado a la luz. En esta misma
Gordium se descubrió también en
1957 una gran profusión de objetos de bronce,
algunos de ellos de tipo urartense y mobiliario de madera
con incrustaciones, al ser abierta una tumba real en
el mayor de los múltiples túmulos que
rodean la antigua ciudad.
Este
gran montículo constituye un destacado mojón
en el valle del río Sakarya, y durante mucho
tiempo ha sido llamado tradicionalmente la tumba de
Midas. Arqueólogos de la Universidad de Pensilvania
localizaron la cámara mortuoria perforando verticalmente
el túmulo y excavando luego un túnel en
dirección a ella, en sentido horizontal. Pero
la cámara estaba llena de un montón de
cascotes de piedra, sostenido por una pared, y al ser
abierta ésta hubo que sacar la mayor parte de
los escombros; quedó una enorme cúpula
vacía, insuficientemente apoyada para resistir
el peso de la tierra exterior. Por tanto, se procedió,
con extremadas precauciones, a hacer una abertura en
la pared del aposento, que era una construcción
de vigas de enebro de 0,5 m. de grosor. La valentía
de los excavadores se vio recompensada cuando se colocaron
luces y el interior de la tumba quedó iluminado.
Inmediatamente
debajo de la abertura yacía el esqueleto de un
rey frigio, en un enorme lecho derrumbado entre los
restos podridos de no menos de veinte ricas colchas.
Detrás, contra la pared posterior, aparecían
los restos de lujosos muebles, con incrustaciones de
maderas raras, dispuestas en complicados dibujos. Uno
de los muebles había sido una estantería
sobre cuyos anaqueles había colocadas muchas
docenas de vasos de bronce. Al desplomarse, proyectó
sobre el suelo toda una cascada de metal, que llenó
la habitación de un brillante color azul pavo
real de la pátina de bronce. Contra las paredes
laterales había gigantescos calderos de cobre
sostenidos por trípodes de hierro, que habían
contenido alimentos y bebidas; sus bordes se hallan
adornados con bustos de hombres barbudos o con figuras
femeninas del tipo conocido luego en Grecia con el nombre
de sirenas. Cubrían también el suelo una
especie de raros tapices de cuero estampado en relieve,
que primitivamente habían decorado las paredes.
Algunas de las vasijas de bronce llevaban inscripciones
grabadas, que después arrojarían nueva
luz para la interpretación de una escritura frigia
todavía hoy parcialmente desconocida. Pero el
hecho más desconcertante de aquella sepultura,
teniendo en cuenta la leyenda de Midas, era la ausencia
total de oro y plata o de armas enriquecidas con piedras
preciosas. Los únicos adornos personales que
llevaba el Rey eran más de setenta «agujas
imperdibles»
(fibulae) dentro de una bolsa de tela. No puede
caber duda alguna acerca del alto nivel cultural que
representan éste y otros hallazgos: pero hay
ya algo de europeo en el fondo del arte frigio. Y cuando,
tras las invasiones cimerias del 680 a. J. C., la dinastía
frigia llegó a su término y sus dominios
fueron usurpados por un reino lidio con capital en Sardes,
la cultura anatolia empezó a perder rápidamente
su carácter individual, asimilándose a
la de las ciudades helénicas que a la sazón
prosperaban a lo largo de sus costas.
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