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ESMIRNA (IZMIR)

La moderna Izmir, la tercera ciudad de Turquía después de Estambul y Ankara, se extiende alrededor del extremo interior del gran golfo que desde la antigüedad ha constituido la entrada marítima a Anatolia occidental. La misma Izmir, llamada Esmirma por los griegos, es con mucho la ciudad más antigua del Egeo, anterior incluso a Troya.

Los restos más antiguos de Esmirna se encuentran en Bayraklí, en la actualidad una zona industrial al fondo del golfo. Las primeras excavaciones de Bayraklí fueron realizadas en 1948-1951 por John Cook y Ekrem Akurgal, quienes establecieron que este era el emplazamiento original de la antigua Esmirna. Las excavaciones indican que el lugar ya estaba habitado en la primera mitad del tercer milenio a.C, y los estratos más antiguos son contemporáneos de Troya I y II. No sabemos prácticamente nada de los habitantes prehelénicos de Esmirna, excepto que puede tratarse del pueblo anato-lio que los griegos llamaban Lelegios.

Esmirna fue habitada por pueblos helénicos al principio del primer milenio a.C., indudablemente durante la migración eolia, como demuestra el descubrimiento en Bayraklí de grandes cantidades de cerámica de la época. Las excavaciones también han sacado a la luz casas que datan de los siglos 9 a 7 a.C., así como un templo arcaico de Atenea, que constituye uno de los templos griegos más antiguos de Asia Menor junto con el templo de Neandria. El templo original de Atenea fue construido hacia el 640 a.C., y destruido durante el saqueo de Esmirna por el rey lidio Aliates. El pueblo de Esmirna construyó un nuevo templo, que también fue destruido al poco tiempo por los persas de Harpagón el medo en 545 a.C. Las excavaciones de Bayraklí indican que hacia el año 500 a.C. el templo de Atenea había sido restaurado, pero la ciudad nunca llegó a recobrar su esplendor anterior. Durante el período clásico Esmirna fue poco más que un conglomerado de aldeas, abandonadas finalmente al principio del período helenístico, cuando la ciudad fue reconstruida en el monte Pagus, la meseta que se eleva sobre el actual barrio portuario de Izmir.

La nueva fundación de Esmirma se atribuye a Alejandro Magno, pero la construcción de la ciudad no comenzaría hasta dos décadas después de su muerte. La ciudad floreció durante las eras helenística y romana, y llegó a tener más de 100.000 habitantes. Durante este tiempo fueron erigidos numerosos edificios públicos que, junto a la belleza natural de su emplazamiento, merecieron las alabanzas de escritores de toda la antigüedad.

El monumento antiguo más prominente de la ciudad son las ruinas de la fortaleza que corona Kadifekale, el Castillo de Terciopelo, acrópolis de la ciudad helenística. Las ruinas que podemos ver en la actualidad son los restos de la ciudadela, desde la cual se extendían dos líneas paralelas de fortificaciones hasta el puerto, cercando la ciudad baja. Las murallas inferiores han desaparecido, y todo lo que queda son las fortificaciones de Kadifekale. Los cimientos y quizá algunos tramos inferiores fueron construidos poco después del año 295 a.C.; el resto se debe a sucesivas reconstrucciones romanas, bizantinas y otomanas.

El único monumento antiguo que ha sobrevivido en la ciudad baja es el agora, a mitad de camino entre el monte Pagos y el puerto. Fue construida originalmente a mediados del siglo n d.C, y destruida durante el terremoto de 178 d.C., que arrasó casi toda la ciudad. El agora fue reconstruida poco después en la forma que conserva actualmente por la emperatriz Faustina II, esposa de Marco Aurelio (161-180 d.C.). La estructura constaba de un patio central de 120 x 80 m rodeado de stoas corintias, aunque sólo han sido excavadas las de los lados norte y oeste. La stoa norte tiene un espléndido basamento abovedado, sobre el cual había una fila de tiendas que daban a una calle comercial romana. Algunas de las esculturas que adornaron el agora pueden verse en el nuevo Museo Arqueológico de Izmir; las más notables son las estatuas de Poseidón y Deméter, las principales figuras de un bello y bien conservado grupo que data de la era imperial romana. Estas estatuas simbolizan las dos fuentes de la riqueza de la antigua Esmirna; el comercio marítimo y la agricultura, ya que Poseidón era el dios de los mares y Deméter la diosa de las cosechas.

 OTROS LUGARES DE LA COSTA JONÝCA

Los emplazamientos de las demás ciudades del norte de Jonia se encuentran bien al oeste de Izmir, a lo largo del golfo, o bien al sur, en la base de la gran península que apunta hacia Quíos. Clazomene está a 34 km, en la orilla norte de la península, y Eretria se encuentra en su extremo occidental, a 81 km, cerca de Quíos. Teos está más allá, en la orilla sur de la península, a 52 km de Izmir, orientada al oeste, hacia el monte Coricos. Al este se encuentran Mionessos, Le-bedos, Colofón, Claros y Notium. Mionessos, una pequeña población costera, y Claros, sede de un famoso oráculo de Apolo, no eran miembros de la Dodecápo-lis, ni tampoco Notium, fundada por los eolios. Pero todas ellas pertenecían al mundo jónico, y formaban parte del escenario descrito en uno de los pasajes más líricos de los Himnos homéricos:

Quíos, la más brillante de todas las islas del mar, y la rocosa Mimas, y los altos de Coricos y la resplandeciente Claros, y la escarpada pendiente de Esage'a...

El monumento más famoso que ha sobrevivido entre las ruinas del norte de Jonia es el templo de Dionisos en Teos. Se encuentra en uno de los lugares más bellos de Asia Menor, y las ruinas diseminadas del templo yacen rodeadas por un frondoso olivar a orillas del Egeo. Fue construido a principios o mediados del siglo II a.C. por Hermógenes, y Vitruvio lo consideró el templo arquetípico del orden jónico. Es el templo de mayor tamaño erigido a Dionisos en el mundo antiguo, con un estilóbato de 18,5 x 35 m. El templo era períptero hexástilo, con seis columnas en los dos frentes y once en los lados, así como dos columnas ¡n antis en cada uno de los dos frentes.

 AEOLIS ASIÁTICA

Aeolis Asiática se extendía hacia el sur a lo largo de la costa desde el Caicos a Esmirma, la actual Izmir. La mayoría de los eolios que se establecieron aquí habían cruzado desde Lesbos a finales del segundo milenio a.C. y fueron la primera gran oleada de población que emprendería la helenización de la costa egea de Asia Menor. Aquí, como en el resto de la costa septentrional del Egeo, los colonizadores descubrieron que el territorio se hallaba ocupado por pueblos anatolios indígenas, a los que llamaron pelagios y lelegios, y que aparentemente desaparecieron sin dejar rastro tras las migraciones helénicas.

De acuerdo con Herodoto, los eolios fundaron una docena de colonias al sur del golfo de Adramytene, la más importante de las cuales fue Esmirna, que les sería arrebatada posteriormente por los jonios. Otra famosa ciudad eolia fue Cyme, que, junto con Calcis y Eretria, fundó la ciudad de Cumas en el año 757 a.C., la primera colonia griega en tierra italiana, lo que sería posteriormente la Magna Grecia. Los cimeos fundarían más adelante la colonia de Side, en la costa de Panfilia.

Aparte de Esmirma y Cyme, las otras diez ciudades de la Liga Eólica pasaron sin pena ni gloria por la historia. Esto se debe probablemente a que los pobladores del norte, exceptuando a los cimeos, eran sobre todo pastores y agricultores, mientras que el resto de los griegos del sur eran marinos y comerciantes que mantenían un contacto mucho mayor con el mundo exterior. Mientras que los jonios dejaron una marca indeleble en la historia, los eolios se conformaron con vivir confortablemente en sus granjas, ya que sus tierras eran mucho más fértiles que las del sur. Como escribe Ateneo en su Banquete de ios doctores, obra terminada en 192 d.C, los eolios eran muy dados «al vino, las mujeres y la vida licenciosa». Por ello posiblemente no dejaron monumentos en la costa que habitaron durante la antigüedad, y sus ciudades se han desvanecido sin dejar apenas más rastro que unos cuantos tambores de columnas y algunos fragmentos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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