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 EL ARTE PALEOCRiSTiANO 3        

   ..tas figuras son planas, inorgánicas, definidas principalmente por el contorno. La composición sigue el principio de una articulación abstracto-decorativa de Ia superficie (simetría, alineación rítmica, isocefalia, es decir, una misma altura de cabeza de todas las figuras, etc.). En lugar de Ia acción escénica aparece frecuentemente Ia agrupación representativa, marcadamente dirigida al observador; las figuras tienen un significado concreto, y su postura y sus gestos indican todo un contexto de ideas. De ello resulta, por una parte, una acentuada objetivi-zación material, y, por otra, una elevada espiritualización y trascendencia. En Ia época de Diocleciano y Constantino, el nuevo estilo está ya plenamente desarrollado, si bien de una manera en extremo antiorgánica, compacta y con frecuencia técnicamente desgarrada. Esta evolución no significa en modo algunoí un agotamiento total del caudal de formas antiguas, que pervive aún durante mucho tiempo, especialmente en las ciudades helenísticas orientales. Sobre todo se producen conscientes movimientos renacentistas por medio de los cuales, en rerepresentación , tanto en obras paganas petidas ocasiones, se intenta reavivar de nuevo los principios clásicos'de como cristianas, profanas como religiosas. De esta continua filtración, del "ensamblaje de Ia Edad Media con Ia Antigüedad"(Garger), surge el cuadro, extraerdinariamente variado y rico en matices, del arte paleocristiano. EI primer movimiento renacentista se inicia ya en los últimos años de Ia época constantiniana: se trata de figuras juveniles e idealizadas, con suave modelación del cuerpo y del vestido y sueltos mo-, vimientos. En los sarcófagos se sus-'. tituyen los frisos de figuras estrechamente alineadas por una compo-; sición por arcadas (también por ár-: boles), que crean escenarios en los. que actúan vivamente figuras casi: de bulto redondo (sarcófago de lunius Bassus, 359 [139]. En Ia última fase de Ia escultura romana de sarcófagos (hasta el 400 aproximadamente), Ia composición se unifica en un rico fondo arquitectónico o adquiere ritmo mediante columnas o murallas de ciudad. Un tipo especial lo constituyen los sarcófagos de pórfido (Vaticano), labrados en Egipto a comienzos del siglo iv: muestran ornamentos y figuras en forma cúbica e inorgánica, que pone de manifiesto Ia dureza de Ia piedra.
EI movimiento renacentista más importante se desarrolla en Ia época del emperador Teodosio (hacia el 400). Todas las obras de este período se distinguen por su elegancia, su alto atractivo estético y su refinado labrado. Especialmente en el arte cortesano oriental, que marca ahora Ia pauta, se produce una conjunción entre modelos antiguos y los nuevos principios formales de frontálidad, firmeza en el contorno y reducción de lo orgánico, con un relieve de pliegues delicadamente móvil, que da lugar a representaciones de una nueva dignidad y espiritualización (retratos de emperadores y altos funcionarios de Efeso y de otros lugares. En los relieves ceremoniales (zócalo del obelisco en el Hipódromo, Constantinopla, 390), el efecto hierático está aún más acentuado poIa alineación isocefálica de figuras frontales iguales y Ia "perspectiva axiológi-ca", que las escalona según su rango y no según su orden perspec-tivo. Cercanas a este estilo son en Occidente las obras del arte cortesano de Milán: por ejemplo, el díptico de Stilicón (400) [141], cuyas características son Ia solemne representación, Ia armonía compositiva, Ia elegancia de líneas y Ia más delicada gradación del relieve con máxima calidad. Junto a ello surgen, en Roma y Ia Italia superior,
trabajos en metal y en marfil de impronta puramente helenística, con temas tanto mitológicos como cristianos. A pesar de las variadas y abundantes realizaciones de los distintos talleres, el arte de Occidente
[140] Sarcófago de Rinaldo, 420-30. Rávena, catedral. Cara anterior: Pedro y Pablo rinden homenaje a Cristo en el paraíso; las restantes caras: monograma de Cristo, cruz, corderos, vasos, tapa abovedada con dibujo de escamas. Carácter simbólico del estilo, grandes gestos sobre fondo liso, refuerzo del relieve corporal, simplificación de las líneas.
es generalmente menos hierático y sensitivo, pero más suave, plástico y realista que el de Oriente.
Poco después del 400 comienza de nuevo una transformación estilística, cuyos efectos, de múltiples consecuencias, conducen, en el transcurso del s. v, y más radicalmente en el Occidente que en el Oriente, a Ia ruptura de Ia idealidad formal antigua. Las figuras se hacen ahora sólidas y se agrupan en un cubo cerrado, con el que contrastan las formas ^articulares, surcos paralelos rectos o curvilíneos (estatuas de magistrados de Afrodisias, 410-420; más maciza todavía y más abrupta es Ia estatua colosal del emperador, o coloso de Barletta (450). También las figuras de relieve se hacen anchas, apretadamente compactas o aplanadas; los pliegues están más bien grabados que moldeados, los valores del claroscuro sustituyen a Ia modela-
ción y decae Ia firmeza de Ia composición. Con ello, sin embargo, el relato gana en penetración, sobre todo en las grandes y expresivas cabezas. En Ia segunda mitad del siglo estas tendencias aumentan has-
[141J Díprico en marfil, hacia el 400. Monza, tesoro catedralicio. Izquierda: Estilicón; derecha: Serena y Euquerio. Arte cortesano milanés, elegancia representativa del relieve plano, sumam:n'e delicado en sus detalles.
ta el extremo. EI volumen plástico desaparece, las figuras son sobre-alargadas o superanchas, sin sentido escultórico, inorgánicas, aplicadas a Ia superficie sin tener en cuenta Ia espacialidad, desarticuladas por líneas secas y angulosas. Estas figuras son trascendentes y. con frecuencia, extáticas y visionarias. Como ejemplos se pueden aducir una cabeza de Efeso en Víena o el díptico de marfil de Milán [127], de configuración más mesurada, pero con efectos manieristas por contraste de tamaños y colores.
EI mismo proceso estilístico se puede seguir también en los numerosos sarcófagos de Rávena, que ofrecen una buena visión sobre Ia escultura de Ia Roma oriental y su posterior desarrollo en el Occiden
te, ya que las primeras obras fueron realizadas aún en Ia misma Bizancio y las siguientes en estrecha relación estilística con aquellas formas. Todos estos sarcófagos consisten en un paralelepípedo cerrado por una tapa alta de frontón o bóveda; están compuestos arquitectónicamente (por ejemplo, pilastras en los bordes) y labrados en las cuatro caras, aunque en cada una de ellas sólo se llega a representar una escena con escasas figuras oí símbolos. Los ejemplares más tempranos sarcófagos de Liberto y de Pignatta, ambos de hacia el 400) muestran en escenarios angostos figuras de plasticidad casi completa, con modelación suave y confección: helenística de los pliegues. Prontoi se reducen el espacio y Ia propor-; ción orgánica, y las figuras se sim-; plifican en su corporeidad y deli-i neación; en cambio exhiben ahora; ademanes amoulosos sobre el fondo liso, que coopera como campo espiritual de tensión en el efecto de' Ia escena (sarcófago de Rinaldo, 420-430 [140]). Con el tiempo, el relieve se configura más estricta y: llanamente, el movimiento se en-i torpece y, finalmente, sólo se representan símbolos, que incluso lie-; gan a perder su firmeza plástica;: se convierten en signos planos,; apenas modelados. ;
Después del s. v, que contiene va elementos estilísticos de Ia Edad Media, el arte escultórico desaparecio raninamente en Occidente, mien tras que el del Oriente participa del! desarrollo del clasicismo justiniano, es decir, del comienzo del arte -bizantino. ......