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figuras son planas, inorgánicas, definidas principalmente
por el contorno. La composición sigue el principio de una
articulación abstracto-decorativa de Ia superficie (simetría,
alineación rítmica, isocefalia, es decir, una misma
altura de cabeza de todas las figuras, etc.). En lugar de Ia acción
escénica aparece frecuentemente Ia agrupación representativa,
marcadamente dirigida al observador; las figuras tienen un significado
concreto, y su postura y sus gestos indican todo un contexto de
ideas. De ello resulta, por una parte, una acentuada objetivi-zación
material, y, por otra, una elevada espiritualización y
trascendencia. En Ia época de Diocleciano y Constantino,
el nuevo estilo está ya plenamente desarrollado, si bien
de una manera en extremo antiorgánica, compacta y con frecuencia
técnicamente desgarrada. Esta evolución no significa
en modo algunoí un agotamiento total del caudal de formas
antiguas, que pervive aún durante mucho tiempo, especialmente
en las ciudades helenísticas orientales. Sobre todo se
producen conscientes movimientos renacentistas por medio de los
cuales, en rerepresentación , tanto en obras paganas petidas
ocasiones, se intenta reavivar de nuevo los principios clásicos'de
como cristianas, profanas como religiosas. De esta continua filtración,
del "ensamblaje de Ia Edad Media con Ia Antigüedad"(Garger),
surge el cuadro, extraerdinariamente variado y rico en matices,
del arte paleocristiano. EI primer movimiento renacentista se
inicia ya en los últimos años de Ia época
constantiniana: se trata de figuras juveniles e idealizadas, con
suave modelación del cuerpo y del vestido y sueltos mo-,
vimientos. En los sarcófagos se sus-'. tituyen los frisos
de figuras estrechamente alineadas por una compo-; sición
por arcadas (también por ár-: boles), que crean
escenarios en los. que actúan vivamente figuras casi: de
bulto redondo (sarcófago de lunius Bassus, 359 [139]. En
Ia última fase de Ia escultura romana de sarcófagos
(hasta el 400 aproximadamente), Ia composición se unifica
en un rico fondo arquitectónico o adquiere ritmo mediante
columnas o murallas de ciudad. Un tipo especial lo constituyen
los sarcófagos de pórfido (Vaticano), labrados en
Egipto a comienzos del siglo iv: muestran ornamentos y figuras
en forma cúbica e inorgánica, que pone de manifiesto
Ia dureza de Ia piedra.
EI movimiento renacentista más
importante se desarrolla en Ia época
del emperador Teodosio (hacia el 400).
Todas las obras de este período
se distinguen por su elegancia, su
alto atractivo estético y su
refinado labrado. Especialmente en
el arte cortesano oriental, que marca
ahora Ia pauta, se produce una conjunción
entre modelos antiguos y los nuevos
principios formales de frontálidad,
firmeza en el contorno y reducción
de lo orgánico, con un relieve
de pliegues delicadamente móvil,
que da lugar a representaciones de
una nueva dignidad y espiritualización
(retratos de emperadores y altos funcionarios
de Efeso y de otros lugares. En los
relieves ceremoniales (zócalo
del obelisco en el Hipódromo,
Constantinopla, 390), el efecto hierático
está aún más
acentuado poIa alineación isocefálica
de figuras frontales iguales y Ia
"perspectiva axiológi-ca",
que las escalona según su rango
y no según su orden perspec-tivo.
Cercanas a este estilo son en Occidente
las obras del arte cortesano de Milán:
por ejemplo, el díptico de
Stilicón (400) [141], cuyas
características son Ia solemne
representación, Ia armonía
compositiva, Ia elegancia de líneas
y Ia más delicada gradación
del relieve con máxima calidad.
Junto a ello surgen, en Roma y Ia
Italia superior,
trabajos en metal y en marfil de impronta
puramente helenística, con
temas tanto mitológicos como
cristianos. A pesar de las variadas
y abundantes realizaciones de los
distintos talleres, el arte de Occidente
[140] Sarcófago de Rinaldo,
420-30. Rávena, catedral. Cara
anterior: Pedro y Pablo rinden homenaje
a Cristo en el paraíso; las
restantes caras: monograma de Cristo,
cruz, corderos, vasos, tapa abovedada
con dibujo de escamas. Carácter
simbólico del estilo, grandes
gestos sobre fondo liso, refuerzo
del relieve corporal, simplificación
de las líneas.
es generalmente menos hierático
y sensitivo, pero más suave,
plástico y realista que el
de Oriente.
Poco después del 400 comienza
de nuevo una transformación
estilística, cuyos efectos,
de múltiples consecuencias,
conducen, en el transcurso del s.
v, y más radicalmente en el
Occidente que en el Oriente, a Ia
ruptura de Ia idealidad formal antigua.
Las figuras se hacen ahora sólidas
y se agrupan en un cubo cerrado, con
el que contrastan las formas ^articulares,
surcos paralelos rectos o curvilíneos
(estatuas de magistrados de Afrodisias,
410-420; más maciza todavía
y más abrupta es Ia estatua
colosal del emperador, o coloso de
Barletta (450). También las
figuras de relieve se hacen anchas,
apretadamente compactas o aplanadas;
los pliegues están más
bien grabados que moldeados, los valores
del claroscuro sustituyen a Ia modela-
ción y decae Ia firmeza de
Ia composición. Con ello, sin
embargo, el relato gana en penetración,
sobre todo en las grandes y expresivas
cabezas. En Ia segunda mitad del siglo
estas tendencias aumentan has-
[141J Díprico en marfil, hacia
el 400. Monza, tesoro catedralicio.
Izquierda: Estilicón; derecha:
Serena y Euquerio. Arte cortesano
milanés, elegancia representativa
del relieve plano, sumam:n'e delicado
en sus detalles.
ta el extremo. EI volumen plástico
desaparece, las figuras son sobre-alargadas
o superanchas, sin sentido escultórico,
inorgánicas, aplicadas a Ia
superficie sin tener en cuenta Ia
espacialidad, desarticuladas por líneas
secas y angulosas. Estas figuras son
trascendentes y. con frecuencia, extáticas
y visionarias. Como ejemplos se pueden
aducir una cabeza de Efeso en Víena
o el díptico de marfil de Milán
[127], de configuración más
mesurada, pero con efectos manieristas
por contraste de tamaños y
colores.
EI mismo proceso estilístico se puede seguir también
en los numerosos sarcófagos de Rávena, que ofrecen
una buena visión sobre Ia escultura de Ia Roma oriental
y su posterior desarrollo en el Occiden
te, ya que las primeras obras fueron realizadas aún en
Ia misma Bizancio y las siguientes en estrecha relación
estilística con aquellas formas. Todos estos sarcófagos
consisten en un paralelepípedo cerrado por una tapa alta
de frontón o bóveda; están compuestos arquitectónicamente
(por ejemplo, pilastras en los bordes) y labrados en las cuatro
caras, aunque en cada una de ellas sólo se llega a representar
una escena con escasas figuras oí símbolos. Los
ejemplares más tempranos sarcófagos de Liberto y
de Pignatta, ambos de hacia el 400) muestran en escenarios angostos
figuras de plasticidad casi completa, con modelación suave
y confección: helenística de los pliegues. Prontoi
se reducen el espacio y Ia propor-; ción orgánica,
y las figuras se sim-; plifican en su corporeidad y deli-i neación;
en cambio exhiben ahora; ademanes amoulosos sobre el fondo liso,
que coopera como campo espiritual de tensión en el efecto
de' Ia escena (sarcófago de Rinaldo, 420-430 [140]). Con
el tiempo, el relieve se configura más estricta y: llanamente,
el movimiento se en-i torpece y, finalmente, sólo se representan
símbolos, que incluso lie-; gan a perder su firmeza plástica;:
se convierten en signos planos,; apenas modelados. ;
Después del s. v, que contiene va elementos estilísticos
de Ia Edad Media, el arte escultórico desaparecio raninamente
en Occidente, mien tras que el del Oriente participa del! desarrollo
del clasicismo justiniano, es decir, del comienzo del arte -bizantino.
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