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..HERACLITO DE EFESO LA VIDA Y SU FILOSOFIA
 
El siguiente trabajo monográfico versará sobre Heráclito, enigmáticopersonaje que vivió en el siglo VI a. de C. en la Grecia Antigua
  Se incluye en la vertiente teórica de la filosofía griega, que trata delentendimiento del Universo y, por lo tanto, se inclina hacia saberes como lametafísica o la física.
Su labor filosófica se extiende en primer lugar en el intento de encontrar elarjé, esto es, la sustancia primera de todo. Por otra parte también es conocido por la formulación de su teoría de los opuestos y del Logos, entendido éste comocentro ordenador de todo y considerado como muy importante hasta el punto deigualarlo con la propia naturaleza (physis), con el universo (cosmos) y por extensión con el propio dios A este respecto son de destacar también sus teorías sobre teología y espiritualidad y sobre política.No obstante, una de sus características es su oscuridad expresiva, lo que ha llevado a malentender su “obra". Y, además, su “obra” es muy breve, con lo que no es posible elaborar un estudio tan completo como el que se podría haber realizado caso de tener más datos escritos sobre su pensamiento. Sobre su producción el dato más curioso es el complicado estilo que utiliza,el aforístico, que más tarde recogerán Demócrito y el propio Nietzsche.Es Heráclito un filósofo mayor que ninguno de sus antecesores, ya que profundiza mucho más en larealidad, pero es el gran olvidado, puesto que no se ha estudiado como se debiera todo su pensamiento. Se ha de indicar que lo expuesto en este trabajo ha sido extraído a partir de citas y de lecturas de los textos recogidos al final en el apartado de bibliografía. Por tanto, en lugar de indicar en cada punto la fuente exacta se ha optado por no hacerlo así y remitir desde estas líneas introductoras a la bibliografía

 1.     Los presocráticos y el origen de la filosofía griega.  El griego reflexiona sobre su experiencia y sobre la anterior. Esta última no es otraque la de los mitos, de los que se acaba desconfiando y así comienza a preguntarse por el verdadero origen de las cosas que hay alrededor. De esta forma los griegos introducen la pregunta por el arjé, que tras Parménides se denominará logos.  Aquellos mitos eran cuentos o narraciones sobre dioses casi humanos que,transmitidos por la tradición, proporcionaban increíbles explicaciones sobre diversos temas. Con la aparición de la filosofía quedan replegados a un segundo lugar, aunque no son aniquilados ya que se utilizan en las aclaraciones (por ejemplo, Aristóteles y Platón) Ya los mitos plantean los problemas de la filosofía, pero sus respuestas son poco creíbles; entonces, la filosofía vendrá a “hacer razonables” los problemas planteados, no racionalizarlos, sino a ofrecer los principios de comprensión racional. La filosofía no demuestra nada, ayuda a comprender las cosas dando una solución racional totalmente rebatible. No es teologización ni cientificismo, es la comprensión sistemática de la naturaleza.Muy en cuenta hay que tener la concepción griega de que todo es physis, y es logos o arjé es su base, pero la physis no es, ni mucho menos, homogénea según se percibe por los sentidos. El logos lo es de la totalidad, pero, al haber muchas cosas, lo que hace es dar a cada cosa su lugar correspondiente,empezando, de abajo hacia arriba, por “lo malo” hasta llegar al espíritu, es decir, dependiendo del sitio así hay un comportamiento u otro. Así, el logos coloca y las cosas se comportan dependiendo de su lugar, por eso se dice que da sentido; es el responsable del problema del espacio en la physis.           En concreto, la physis o naturaleza, según Aristóteles, era considerada como aquello que nace, crece, etc. Y vive no creada por otra cosa que ella misma y que, además, es la sustancia de las cosas que posee principio de movimiento en sí mismas según Tales. Por tanto , toda investigación presocrática es una investigación sobre la naturaleza (periphyseus). La especulaciónfilosófica nace como la identificación del Logos con la physis, que lleva a la sistematización o colocación cada vez mayor de ésta con independencia de los dioses. Así, a cada ser colocado se le especializa asignándole una responsabilidad, pero los griegos más bien creían en el concepto de necesidad (fuerza superior a todo cuanto existe), es decir, la naturaleza coloca todo conforme a necesidad y en el caso de posible descolocación volverá a él y morirá (de aquí nace la pregunta sobre quién es el ser). De esta última idea surge la tragedia griega, cuando se nace debido a la culpa de haber salido de la colocación natural se llega a la destrucción, a la muerte.  En este contexto el sentido de culpa sería exterior. Con la filosofía se intentará buscar una salida a esta culpa, pero no se podrá lograr hasta Sócrates.  La última preconcepción griega que comentar es la religión, que en aquel momento tenía tres formas de ser entendida:

 A)Primitiva: ninfas y dioses de la naturaleza B)Orfismo   C)Homérica. La filosofía presocrática parte de todo lo anterior con la pregunta por el arjé, que supone la utilización de la razón y, pese a lo que siempre se ha dicho de que acaba y rompe con los mitos por ser un proceso antirreligioso, eso no es cierto ya que sólo los deja a un lado y sigue utilizándolos como explicación (incluso en ocasiones el mismo arjé puede ser mitológico, como el ápeiron de Anaximandro).  El arjé o logos está en el hombre y en todas las cosas que le rodean, el elemento común a todo, que hace posible comprenderlo, es decir, para poder tener una explicación de todas y cada una de las cosas se trata de simplificar buscando algo que las aúne, que todas compartan, para facilitarla.  Es realidad viva y al tiempo es lo que dasentido, es origen de sentido. Tal y como Zubiri lo definió: aquello que confiere unidad al universo.  Es principio, esencia de cada cosa, el arjé hace comprensible todo, es causa, poder, etc. Trata de hacer razonable la pluralidad de la experiencia para poder entender el orden de la physis. Con ello hace posible, razonable y pensable a ésta como totalidad e introduce el concepto de cosmos. Así, también se pueda concebir la pluralidad como unidad organizada porque tiene logos (todo está vinculado por el Logos), formando un conjunto ordenado con un fin común. Éste es el concepto que manejaban los milesios, pitagóricos, Heráclito... hasta Platón y Aristóteles. 2.     Biografía: problemas acerca de su personalidad y su obra.  

  2.1.Biografía. Todo lo que nos ha llegado sobre la vida de Heráclito proviene de los antiguos siendo una mezcla de historia y leyenda. Más exactamente se trata de una serie de datos ciertos o probables y de otros que, perteneciendo a la ficción, han surgido por analogía a sus doctrinas.  Con todo, Heráclito nación en la ciudad de Éfeso; sólo Justino Mártir dirá que es de Metaponto ya que sostiene que fue discípulo de Plinio, pitagórico de esta ciudad. Sobre su datación se parte de la información aportada por Diógenes Laercio, tomada a su vez de Apolodoro, según la que tendría unos cuarenta años en la olimpiada 69 (504-501 a. C.) de lo cual se llega a la conclusión de que nació entre el 544 y el 540 a. C.  Hay quien ha dudado sobre esta datación, pero no hay motivos serios para dudar de la datación de Apolodoro puesto que Heráclito mencionó a Pitágoras, Hecateo y Jenófates y a él aludió, tal vez, indirectamente Parménides. Se han hecho, a veces, intentos por colocar su actividad filosófica en una época posterior a la que razonablemente puede sugerir la fijada por Apolodoro; tales intentos no han tenido aceptación y se apoyan en hipótesis poco plausibles como la de que no es posible encontrar a Éfeso una huella de autogobierno hasta después de su liberación de Persia, hacia el año 478. Es posible que Heráclito viviera más de los 60 años que le asigna Apolodoro; podemos aceptar provisionalmente que estaba a la mitad de su vida al final del S. VI y que su actividad filosófica más destacada había cesado ya hacia el año 480 a. C. Tradicionalmente se le introduce en la estirpe de los reyes-sacerdotes de Éfeso lo que, tal y como apunta Cappelleti, lo empariente con Platón (ambos serían descendientes de Codro).    Pero, siguiendo a Antístenes (citado por Diógenes Laercio) renunció a la corona en favor de su hermano para retirarse al templo de Artemisa.    Moriría ya con unos 70 años de hidropesía, según se cuenta, pero esto más bien sería una leyenda debido a que consideraba que la muerte del alma llegaba cuando ésta se humedecía   Antes de pasar a hablar de su obra, hay que decir que Heráclito era un hombre con un fuerte carácter, altanero, que hacía crítica a todo hombre y en cuanto a la filosofía hace lo propio con los pitagóricos y anteriores diciendo que el entendimiento no se ha de quedar con lo que dictan los sentidos. Se dice que odiaba también la polimatía o erudición. Nos ha llegado también una clase de ficción biográfica que proliferó en torno al nombre de Heráclito. Diógenes nos dice que rehusó componer leyes para los efesios, prefiriendo jugar con los niños en el templo de Ártemis. Otras historias pretendían ridiculizarle y las inventaron, con maliciosa intención pedantes helenísticos resentidos de su aire de superioridad. De todo ello se deduce su acusada misantropía y malas relaciones con sus conciudadanos.   2.2.       El oscuro. Timón deFliunte denominó a Heráclito “enigmático”. Esta crítica justa de su estilo dio origen más tarde al epíteto casi invariable de “oscuro”. Otra calificación corriente al período romano fue la de “filósofo llorón”. Este juicio último se basa en su idea de que todas las cosas fluyen como los río    2.3.         La obra de Heráclito.    El libro a él atribuido se titula, por su contenido principal, Sobre la Naturaleza, y está dividido en tres secciones: “Sobre el universo”, “La política” y “La teología”. Se lo dedicó al templo de Ártemis e intencionadamente lo escribió, como algunos dicen, de un modo un tanto oscuro para que sólo tuvieran acceso a él los influyentes y no fuera fácilmente despreciado por el populacho.   Su escrito gozó de tanta reputación que, por este motivo, le asignaron incluso discípulos, los llamados heraclíteos.   2.4.         Especiales dificultades de interpretación.      Heráclito, como ya hemos dicho, tenía fama por su oscuridad; no cabe duda de que sus declaraciones eran crípticas, probablemente intencionadas, y parece que Platón y Aristóteles pusieron escaso empeño por penetrar en su real significación. Teofrasto, de quien depende la tradición doxográfica posterior, basó, por desgracia, su interpretación en Aristóteles. No parece que tuviera acceso a un libro completo suyo, ni siquiera a su colección completamente representativa de sus aisladas declaraciones y se quejó, de hecho, de que estaban incompletos o eran incompatibles. Los estoicos deformaron aún más la versión.  Tanto Platón como Aristóteles aducen escasas citas directas de Heráclito y no se interesaron, en realidad, por emitir un juicio objetivo exacto de sus predecesores más antiguos.  A la vista de los defectos propios de Aristóteles respecto a la valoración de los pensadores antiguos, es más seguro intentar la reconstrucción del pensamiento de Heráclito mediante una fundamentación directa sobre sus genuinos fragmentos transmitidos y, ni aún así, podemos esperar más que una inteligencia muy limitada, debido sobre todo a que, como notó Aristóteles, no empleó las categorías de la lógica formal y propendió a escribir la misma cosa bien como un dios, ora como una forma de materia, bien como una regla de conducta o principio que era, no obstante, un constitutivo físico de las cosas.  3.    Pensamiento de Heráclito.  3.1.         Filosofía naturalista o sobre la physis.  3.1.1.  Explicación del Logos y la teoría de los opuestos.La interpretación tradicional de Heráclito se guía por dos tesis: a) que todo fluye y nada permanece (nada “es”); b) la llamada “unidad de los contrarios”: A es no-A. Para lo primero se cita frecuentemente “Panta rhei” (“todo fluye”), que no es fragmento de Heráclito, y también lo de que “no es posible meterse dos veces en el mismo río”. Heráclito es un Pindarello del mundo antiguo, proclamando que no hay ninguna cosa estable, que nada permanece, dando por averiguada la irrealidad de lo “real”.  A partir de estas ideas, se llegó a pensar que Heráclito defendía la no existencia del “ser” o “ente” tal como exponía Parménides. Por tanto, Parménides y Heráclito fueron considerados como dos polos opuestos.  Sus sentencias evidencian que se consideraba poseedor de una verdad muy importante sobre la constitución del mundo, del que los hombres son una parte y que trataba en vano de propagarla. El Logos, tal vez, debe interpretarse como la fórmula unificadora o método proporcionado de disposición de las cosas, lo que casi podría denominarse su plan estructural tanto en el terreno individual como en el de conjunto. El sentido técnico de logos en Heráclito está probablemente relacionado con el significado general de “medida”, “cálculo” o “proporción” y no se puede referir simplemente a su propia “versión”. El efecto de una disposición de acuerdo con un plan común o medida es el de que todas las cosas, aunque plurales en apariencia y totalmente discretas, están, en realidad, unidas en un complejo coherente del que los hombres mismos constituyen una parte y cuya comprensión es, por tanto, lógicamente necesaria para la adecuada promulgación de sus propias vidas. Mas considerar el término Logos como una construcción casi matemática o esquemática parece inapropiado puesto que es posible que ese Logos formara parte en las cosas, en su existencia real y, en muchos casos, podría ser coextensivo con el fuego, el constitutivo cósmico primario. El devenir no es irracional, caótico, ya que se realiza de acuerdo con ciertas leyes y proporciones. Este Logos es el mismo para todo y ninguno de los dioses ni de los hombres lo hizo, sino que era y es y será fuego siempre viviente, encendiéndose según medida y apagándose según medida. Al Logos de Heráclito se la llama también physis.  El Logos de Heráclito se enlaza con su concepto de la lucha de contrarios. El Logos es physis. La presencia es contrariedad, pero esto no puede consistir sólo en que la definición de algo es a la vez definición de su contrario, sino en que el nacer-perecer de algo es a la vez el nacer-perecer de su contrario. Los contrarios no lo son “lógicamente”; la lógica nacerá precisamente de la restricción de la presencia al “aspecto”; los contrarios lo son porque el uno nace pereciendo el otro y, por tanto, permanece entregado en definitiva al otro y ha de concederle de nuevo la palabra; la lucha de los contrarios, que es a la vez “unidad”, es la lucha de presencia y ocultamiento, la physis, que es la adjudicación a cada cosa de su lugar propio. La unidad, es una unidad en la diferencia,una identidad en la diversidad, o sea, una unidad no empobrecedora, sino llena de riqueza. Toda cosa material es una unidad en la diversidad (ya que consta de moléculas, átomos, electrones, etc.)  Su teoría sobre los opuestos puede entenderse con la metáfora del arco: la naturaleza encuentra su orden en la presencia de los opuestos que, según Heráclito, vienen a constituir un mismo ser, una misma cosa. Por tanto, no se puede pensar que radicalmente Heráclito negara la autenticidad del “ser” parmenídeo; estas dos filosofías pueden llegar a relacionarse.   Heráclito expone cuatro tipos diferentes de conexión entre opuestos evidentes: 1) Las mismas cosas producen efectos opuestos sobre clases distintas de seres animados (a los cerdos les gusta el lodo, pero no a los hombres). 2) Aspectos diferentes de la misma cosa pueden justificar descripciones opuestas (el cortar y el quemar -normalmente acciones malas- exigen una retribución cuando es un cirujano el que lo hace). 3) Se advierte que cosas buenas y deseables, como la salud o el descanso, sólo son posibles si se reconocen sus opuestos, la enfermedad o el cansancio (no existiría la justicia sin la injusticia). Sólo si se enfrentan alternativamente, los contrarios se otorgan de forma mutua un sentido específico: “La enfermedad convierte en dulce la sociedad, etc. Y en la armonía, coinciden los opuestos: el camino que sube y el que baja son un único y mismo camino 4) Ciertos opuestos están enlazados de un modo esencial porque se suceden mutuamente sin más. De la misma manera dice que la sustancia caliente y la fría forman lo que se podría llamar un conjunto calor-frío, una entidad singular: la temperatura.  Los cuatro tipos de conexión entre opuestos pueden clasificarse bajo dos epígrafes principales: a) opuestos inherentes a un solo sujeto o que son producidos simultáneamente por él y b) opuestos que no son susceptibles de distinción simultánea en relación a objetos diferentes, o partes del sujeto, pero que están enlazados, por ser estados diferentes, por un solo proceso invariable. Estas y otras reflexiones similares sobre objetos convencionales convencieron a Heráclito de que no hay nunca una división realmente absoluta de opuesto a opuesto.  Por otra parte, cada par de opuestos forma, por tanto, una unidad y una pluralidad. Pares diferentes resultan estar también interconexos. Heráclito afirma que dios es día-noche, invierno-verano, etc. (todos los opuestos). Afirma, por tanto, la existencia de una relación entre dios y un número de pares de opuestos, enlazados cada uno de ellos por una sucesión automática. Cada opuesto puede expresarse en términos de dios: porque la paz sea divina, no se puede concluir que la guerra no lo sea y que no esté igualmente penetrada por el constitutivo rector y formulario que, a veces, se identifica con la totalidad del cosmos ordenado. Dios no puede distinguirse, en este caso, esencialmente del Logos. Pero esto se tratará en otro momento. Así, la pluralidad total de las cosas forma un complejo singular, coherente y determinable al que Heráclito llamó “unidad”. La unidad de las cosas subyace a la superficie; depende de una equilibrada reacción entre opuestos. Por otra parte, indica que la auténtica naturaleza de las cosas suele estar oculta. La conexión que no se percibe entre opuestos es más estrecha que otros tipos de conexión más obvios. Varios fragmentos dan a entender que es necesario tener fe y constancia en la búsqueda de la verdad subyacente.  En este punto se llega otro aspecto importante. Heráclito expone que el equilibrio total del cosmos sólo puede mantenerse si el cambio en una dirección comporta otro equivalente en la dirección opuesta, es decir, si hay una incesante “discordia” entre opuestos. La discordia o la guerra es una metáfora que emplea Heráclito para expresar el dominio del cambio en el mundo. Un cambio de un extremo a otro puede parecer, en cualquier caso, que es el más radical posible. A la “guerra” se la llama “dike”, el “camino señalado”, o la regla normal de comportamiento.

.Heráclito indica que si la discordia cesara, el vencedor en cada lucha de extremos establecería un dominio permanente y el mundo como tal quedaría destruido. Finalmente, en este punto hay que señalar la importancia de la metáfora del río para explicar el “todo fluye”. La imagen del río ilustra la clase de unidad que depende de la conservación de la medida y del equilibrio en el cambio. Heráclito adujo la imagen del río para recalcar la absoluta continuidad del cambio en cada cosa individual: todo está en flujo continuo como un río. El río es aparentemente el mismo, mientras que en realidad está constituido por aguas siempre nuevas y distintas que llegan y se escabullen. Por eso, no se puede bajar dos veces a la misma agua del río, porque cuando se baja por segunda vez es otra agua la que está llegando; y también, porque nosotros mismos cambiamos y en el momento en que hemos acabado de sumergirnos en el río nos hemos convertido en alguien distinto al que éramos en el momento de comenzar a sumergirnos. Esta interpretación del pensamiento heraclíteo no ha de malentenderse. Es necesario llamar aquí la atención sobre el hecho de que el cambio del ser no indica la inexistencia del mismo y el desorden, punto defendido según las interpretaciones de Platón, Aristóteles, Teofrasto y los doxógrafos. Es evidente que tras lo expuesto anteriormente estos puntos de vista quedan rechazados. Ha de entenderse la lucha de opuestos y el cambio dentro del orden denominado Logos. 3.1.2. Arjé: fuego. Los presocráticos, entre los que se incluye Heráclito, reflexionan sobre su experiencia (su óptica, tiempo, sociedad), que viene dada anteriormente por los mitos (narraciones que llegan a través de la tradición); se ven entonces en un mundo del que quieren saber y, por tanto, preguntan por él (por su origen o arjé). Su experiencia anterior era muy pobre; con sus respuestas se desunen de los mitos sin desbancarlos, ya que pensadores de la talla de Platón o Aristóteles los utilizan en sus explicaciones. Hay que tener en cuenta la concepción griega de que todo es physis, y el Logos (o el arjé) es su base. Para Heráclito todo es fuego, el fuego es el origen de todo, es el arjé. El fuego es la “aletheia”, lo no oculto. Heráclito no se refiere al fuego como “lo que” ilumina, sino que habla del fuego mismo como lucha, constante surgir (“siempre viviente”, physis), como arrancar al ocultamiento (“encenderse y extinguirse”); en cuanto constante oposición al ocultamiento, el fuego es finito, es encenderse y apagarse “según medida”.  Así, indica que el mundo es un fuego perdurable; algunas de sus partes están siempre extintas y constituyen las otras dos masas importantes del mundo: el mar y la tierra. Los cambios entre el fuego, el mar y la tierra se equilibran mutuamente; el fuego puro o etéreo tiene una capacidad directiva. Una noticia de Diógenes Laercio (S.III d. C.) dice lo siguiente: “Al condenarse el fuego se hace húmedo, y, reuniéndose (haciéndose compacto), deviene agua, y fijándose el agua se vuelve en tierra; y éste es el camino abajo. De nuevo la tierra se hace fluida y de ella se produce el agua, y de ésta lo demás, refiriéndolo (Heráclito) casi todo a la evaporación a partir del mar; y éste es el camino arriba. Tienen lugar evaporaciones a partir de la tierra y a partir del mar, las unas brillantes y puras, las otras oscuras. Por las brillantes aumenta el fuego, por las otras la humedad”. Lo “demás” que se produce del agua debe ser otra vez fuego, pues la transmisión de la doctrina de Heráclito es prácticamente unánime en afirmar que “de fuego se produce todo y en fuego acaba todo” (Aecio); pero, por otra parte, lo “demás” a que se refiere el texto de Diógenes Laercio es, sin duda, los astros, de los que diversas noticias están de acuerdo en reconocer que son fuego, fuego que se produce a partir de “las evaporaciones brillantes”, fuego que se extingue y de nuevo se produce, siempre a partir de la evaporación. Según esto, de los dos tipos de evaporaciones de que habla Diógenes, las “brillantes y puras” deben de ser las del mar (agua), ya que por ellas “aumenta el fuego” y a partir de ellas se produce el fuego de los astros; y las evaporaciones “oscuras” deben de ser las de la tierra, ya que dice que por ellas “aumenta la humedad”.  El fuego es la forma arquetípica de la materia y el cosmos concebido como totalidad puede describirse como un fuego que, cuando una determinada cantidad se extingue, se vuelve a encender en una parte proporcional; no todo él está ardiendo a la misma vez y siempre estuvo y siempre estará en este estado. No es posible, no obstante, que el fuego sea una materia prima original a la manera en que lo era el agua o el viento para Tales o Anaxímenes. Fue el único quizá entre los filósofos presocráticos que sospechó la existencia de la cualidad: todo, en el universo, no se reduce, según él, a la cantidad; las acciones mecánicas de condensación y de dilatación en las que se expresan las transformaciones del fuego primordial no son la causa sino los efectos del cambio de sustancia; estas transformaciones o “tropos” implican un cambio cualitativo del conjunto tanto como de las partes; el mecanismo no es más que la utilización de un fin, la operación de una sabiduría, armonía o justicia, que gobierna el mundo siguiendo una necesidad inteligente, y que pone de acuerdo los contrarios sin que por esto los identifique o los confunda, como hace el pensamiento del hombre.  El fuego tiene una capacidad directiva. Tal vez sea más importante el hecho de que todo fuego personifica la regla de la medida en el cambio inherente al proceso del mundo, del que el Logos es una expresión. De esta suerte es natural que se le conciba como el constitutivo mismo de las cosas, que determina activamente su estructura y comportamiento.   A partir de estas ideas, señala que los cuerpos celestes son cubetas de fuego, alimentadas por exhalaciones procedentes del mar; los eventos astronómicos tienen también sus medidas. Pero ninguno de sus fragmentos transmitidos manifiesta de un modo claro sus ideas sobre la naturaleza de los cuerpos celestes.  Como punto final puede decirse que como el todo sólo “es” en virtud del fuego, del Logos, debe concederle de nuevo la palabra, abandonando cada cosa su propio insistir en sí, su presencia. El fuego, pues, “retorna”. El fuego es constante surgir, y no hay surgir sin el ocultamiento al cual el surgir es arrancar; no hay encenderse sin aquello de lo cual se alimenta el fuego; el fuego es lucha frente a algo sin lo cual el fuego no es posible. Porque la physis es ocultamiento, tiene lugar el parecer, la doxa de Parménides.  3.1.3.Malentendido heraclíteo.    De la doctrina de Heráclito hay varias interpretaciones debidas a la difícil comprensión de sus escritos por su singular estilo literario, el aforístico. En fin, entre estas interpretaciones se encuentra por la que todo el mundo le conoce, según la cual es el filósofo del devenir. Heráclito tendría entonces como máxima aquél “panta rei”, todo es movimiento, los sentidos engañarían respecto a la aparente quietud de las cosas (ni tan siquiera existiría la sustancia), nada es, ya que todo es y deja de ser al tiempo. Pero ahora todos los estudiosos coinciden en señalar que no es esto lo que Heráclito realmente quiso decir; es cierto que se ocupó del problema del movimiento teniendo una conciencia más plena del mismo que sus antecesores, pero no es ésta la parte central de su pensamiento y, además, queda olvidada toda su teorización acerca del “Logos” y los contrarios, lo que supone un reduccionismo de su doctrina. Con esto se llega a la difundida contraposición entre Heráclito y Parménides que realmente no es tan radical.  Para buscar al causante de este malentendido hay que retrotraerse hasta Crátilo, el cual parece ser que fue discípulo o seguidor suyo, que no le entendió muy bien y sólo habla del tema del movimiento de una manera exagerada.  Las cosas se hubieran estancado aquí si Platón no hubiese tenido relación con el anterior, pero así fue. De este modo Platón, al referirse a Heráclito, cogerá la interpretación de Crátilo (la cual no se molestará en examinarla ni en penetrar más en ella). Tras Platón, será Aristóteles, el que vea según el criterio del movimiento a Heráclito, incluso lo exagera más y le atacará. El ataque se refiere a que ve que niega el principio de contradicción al afirmar que los opuestos son lo mismo (con ello Heráclito no quiso decir que fueran idénticos, como más tarde se verá, por tanto, la crítica está un poco fuera de lugar).  Por último, Teofrasto, del que depende toda la tradición doxográfica posterior basó su interpretación de este autor en la de Aristóteles. Debido a esto fue entendido siempre de esta forma. Por ello, para obtener una idea segura de lo que realmente dijo se ha de recurrir a los fragmentos genuinos de Heráclito transmitidos por otros autores, aunque sea una tarea difícil por su estilo. Heráclito rebasará con creces las teorías de sus antecesores, entrando ya en el plano metafísico, deja de interesarse tanto por los problemas de las particularidades que llevan al monismo y panteísmo milesios (un ejemplo de esto está en que Heráclito no se preocupará por los problemas de la meteorología y astronomía). Su pensamiento se hace más especulativo enfrentándose a las cuestiones de la totalidad y del devenir, pasando éste último a un plano secundario ante la concepción de la naturaleza como “totalidad uni-plural”, la lucha de los contrarios que se unen en el Logos. Esto es lo que verdaderamente propugna el efesio frente a la tradición que sólo lo ve desde su postulación del devenir.   Entonces, para rebasar la citada interpretación tradicional hay que ver los siguientes puntos; teniendo siempre en cuenta que Heráclito también habló del movimiento, pero éste pasará a estar legislado, ya que necesitará de un elemento, el enlace (aquello que une a los contrarios) que es el Logos (en este sentido está muy unidoal concepto de númeroque tenían los pitagóricos). CONTINUARA........


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