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1.
Los presocráticos y el origen de la filosofía
griega. El griego reflexiona sobre su
experiencia y sobre la anterior. Esta última
no es otraque la de los mitos, de los que se acaba
desconfiando y así comienza a preguntarse por
el verdadero origen de las cosas que hay alrededor.
De esta forma los griegos introducen la pregunta por
el arjé, que tras Parménides se denominará
logos. Aquellos mitos eran cuentos o narraciones
sobre dioses casi humanos que,transmitidos por la
tradición, proporcionaban increíbles
explicaciones sobre diversos temas. Con la aparición
de la filosofía quedan replegados a un segundo
lugar, aunque no son aniquilados ya que se utilizan
en las aclaraciones (por ejemplo, Aristóteles
y Platón) Ya los mitos plantean los problemas
de la filosofía, pero sus respuestas son poco
creíbles; entonces, la filosofía vendrá
a “hacer razonables” los problemas planteados, no
racionalizarlos, sino a ofrecer los principios de
comprensión racional. La filosofía no
demuestra nada, ayuda a comprender las cosas dando
una solución racional totalmente rebatible.
No es teologización ni cientificismo, es la
comprensión sistemática de la naturaleza.Muy
en cuenta hay que tener la concepción griega
de que todo es physis, y es logos o arjé es
su base, pero la physis no es, ni mucho menos, homogénea
según se percibe por los sentidos. El logos
lo es de la totalidad, pero, al haber muchas cosas,
lo que hace es dar a cada cosa su lugar correspondiente,empezando,
de abajo hacia arriba, por “lo malo” hasta llegar
al espíritu, es decir, dependiendo del sitio
así hay un comportamiento u otro. Así,
el logos coloca y las cosas se comportan dependiendo
de su lugar, por eso se dice que da sentido; es el
responsable del problema del espacio en la physis.
En concreto, la physis o naturaleza, según
Aristóteles, era considerada como aquello que
nace, crece, etc. Y vive no creada por otra cosa que
ella misma y que, además, es la sustancia de
las cosas que posee principio de movimiento en sí
mismas según Tales. Por tanto , toda investigación
presocrática es una investigación sobre
la naturaleza (periphyseus). La especulaciónfilosófica
nace como la identificación del Logos con la
physis, que lleva a la sistematización o colocación
cada vez mayor de ésta con independencia de
los dioses. Así, a cada ser colocado se le
especializa asignándole una responsabilidad,
pero los griegos más bien creían en
el concepto de necesidad (fuerza superior a todo cuanto
existe), es decir, la naturaleza coloca todo conforme
a necesidad y en el caso de posible descolocación
volverá a él y morirá (de aquí
nace la pregunta sobre quién es el ser). De
esta última idea surge la tragedia griega,
cuando se nace debido a la culpa de haber salido de
la colocación natural se llega a la destrucción,
a la muerte. En este contexto el sentido de
culpa sería exterior. Con la filosofía
se intentará buscar una salida a esta culpa,
pero no se podrá lograr hasta Sócrates.
La última preconcepción griega que comentar
es la religión, que en aquel momento tenía
tres formas de ser entendida:
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A)Primitiva:
ninfas y dioses de la naturaleza
B)Orfismo
C)Homérica.
La filosofía presocrática
parte de todo lo anterior con la pregunta por
el arjé, que supone la utilización
de la razón y, pese a lo que siempre
se ha dicho de que acaba y rompe con los mitos
por ser un proceso antirreligioso, eso no es
cierto ya que sólo los deja a un lado
y sigue utilizándolos como explicación
(incluso en ocasiones el mismo arjé puede
ser mitológico, como el ápeiron
de Anaximandro). El arjé o logos
está en el hombre y en todas las cosas
que le rodean, el elemento común a todo,
que hace posible comprenderlo, es decir, para
poder tener una explicación de todas
y cada una de las cosas se trata de simplificar
buscando algo que las aúne, que todas
compartan, para facilitarla. Es realidad
viva y al tiempo es lo que dasentido, es origen
de sentido. Tal y como Zubiri lo definió:
aquello que confiere unidad al universo.
Es principio, esencia de cada cosa, el arjé
hace comprensible todo, es causa, poder, etc.
Trata de hacer razonable la pluralidad de la
experiencia para poder entender el orden de
la physis. Con ello hace posible, razonable
y pensable a ésta como totalidad e introduce
el concepto de cosmos. Así, también
se pueda concebir la pluralidad como unidad
organizada porque tiene logos (todo está
vinculado por el Logos), formando un conjunto
ordenado con un fin común. Éste
es el concepto que manejaban los milesios, pitagóricos,
Heráclito... hasta Platón y Aristóteles. 2.
Biografía: problemas acerca de su
personalidad y su obra.
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2.1.Biografía.
Todo lo que nos ha llegado sobre la vida
de Heráclito proviene de los antiguos
siendo una mezcla de historia y leyenda.
Más exactamente se trata de una
serie de datos ciertos o probables y de
otros que, perteneciendo a la ficción,
han surgido por analogía a sus
doctrinas. Con todo, Heráclito
nación en la ciudad de Éfeso;
sólo Justino Mártir dirá
que es de Metaponto ya que sostiene que
fue discípulo de Plinio, pitagórico
de esta ciudad. Sobre su datación
se parte de la información aportada
por Diógenes Laercio, tomada a
su vez de Apolodoro, según la que
tendría unos cuarenta años
en la olimpiada 69 (504-501 a. C.) de
lo cual se llega a la conclusión
de que nació entre el 544 y el
540 a. C. Hay quien ha dudado sobre
esta datación, pero no hay motivos
serios para dudar de la datación
de Apolodoro puesto que Heráclito
mencionó a Pitágoras, Hecateo
y Jenófates y a él aludió,
tal vez, indirectamente Parménides.
Se han hecho, a veces, intentos por colocar
su actividad filosófica en una
época posterior a la que razonablemente
puede sugerir la fijada por Apolodoro;
tales intentos no han tenido aceptación
y se apoyan en hipótesis poco plausibles
como la de que no es posible encontrar
a Éfeso una huella de autogobierno
hasta después de su liberación
de Persia, hacia el año 478. Es
posible que Heráclito viviera más
de los 60 años que le asigna Apolodoro;
podemos aceptar provisionalmente que estaba
a la mitad de su vida al final del S.
VI y que su actividad filosófica
más destacada había cesado
ya hacia el año 480 a. C. Tradicionalmente
se le introduce en la estirpe de los reyes-sacerdotes
de Éfeso lo que, tal y como apunta
Cappelleti, lo empariente con Platón
(ambos serían descendientes de
Codro). Pero, siguiendo
a Antístenes (citado por Diógenes
Laercio) renunció a la corona en
favor de su hermano para retirarse al
templo de Artemisa.
Moriría ya con unos 70 años
de hidropesía, según se
cuenta, pero esto más bien sería
una leyenda debido a que consideraba que
la muerte del alma llegaba cuando ésta
se humedecía Antes
de pasar a hablar de su obra, hay que
decir que Heráclito era un hombre
con un fuerte carácter, altanero,
que hacía crítica a todo
hombre y en cuanto a la filosofía
hace lo propio con los pitagóricos
y anteriores diciendo que el entendimiento
no se ha de quedar con lo que dictan los
sentidos. Se dice que odiaba también
la polimatía o erudición.
Nos ha llegado también una clase
de ficción biográfica que
proliferó en torno al nombre de
Heráclito. Diógenes nos
dice que rehusó componer leyes
para los efesios, prefiriendo jugar con
los niños en el templo de Ártemis.
Otras historias pretendían ridiculizarle
y las inventaron, con maliciosa intención
pedantes helenísticos resentidos
de su aire de superioridad. De todo ello
se deduce su acusada misantropía
y malas relaciones con sus conciudadanos.
2.2.
El oscuro. Timón deFliunte denominó
a Heráclito “enigmático”.
Esta crítica justa de su estilo
dio origen más tarde al epíteto
casi invariable de “oscuro”. Otra calificación
corriente al período romano fue
la de “filósofo llorón”.
Este juicio último se basa en su
idea de que todas las cosas fluyen como
los río 2.3.
La obra de Heráclito.
El libro a él atribuido se titula,
por su contenido principal, Sobre la Naturaleza,
y está dividido en tres secciones:
“Sobre el universo”, “La política”
y “La teología”. Se lo dedicó
al templo de Ártemis e intencionadamente
lo escribió, como algunos dicen,
de un modo un tanto oscuro para que sólo
tuvieran acceso a él los influyentes
y no fuera fácilmente despreciado
por el populacho. Su escrito
gozó de tanta reputación
que, por este motivo, le asignaron incluso
discípulos, los llamados heraclíteos.
2.4.
Especiales dificultades de interpretación.
Heráclito, como ya hemos dicho,
tenía fama por su oscuridad; no
cabe duda de que sus declaraciones eran
crípticas, probablemente intencionadas,
y parece que Platón y Aristóteles
pusieron escaso empeño por penetrar
en su real significación. Teofrasto,
de quien depende la tradición doxográfica
posterior, basó, por desgracia,
su interpretación en Aristóteles.
No parece que tuviera acceso a un libro
completo suyo, ni siquiera a su colección
completamente representativa de sus aisladas
declaraciones y se quejó, de hecho,
de que estaban incompletos o eran incompatibles.
Los estoicos deformaron aún más
la versión. Tanto Platón
como Aristóteles aducen escasas
citas directas de Heráclito y no
se interesaron, en realidad, por emitir
un juicio objetivo exacto de sus predecesores
más antiguos. A la vista
de los defectos propios de Aristóteles
respecto a la valoración de los
pensadores antiguos, es más seguro
intentar la reconstrucción del
pensamiento de Heráclito mediante
una fundamentación directa sobre
sus genuinos fragmentos transmitidos y,
ni aún así, podemos esperar
más que una inteligencia muy limitada,
debido sobre todo a que, como notó
Aristóteles, no empleó las
categorías de la lógica
formal y propendió a escribir la
misma cosa bien como un dios, ora como
una forma de materia, bien como una regla
de conducta o principio que era, no obstante,
un constitutivo físico de las cosas.
3. Pensamiento
de Heráclito. 3.1.
Filosofía naturalista o sobre la
physis. 3.1.1. Explicación
del Logos y la teoría de los opuestos.La
interpretación tradicional de Heráclito
se guía por dos tesis: a) que todo
fluye y nada permanece (nada “es”); b)
la llamada “unidad de los contrarios”:
A es no-A. Para lo primero se cita frecuentemente
“Panta rhei” (“todo fluye”), que no es
fragmento de Heráclito, y también
lo de que “no es posible meterse dos veces
en el mismo río”. Heráclito
es un Pindarello del mundo antiguo, proclamando
que no hay ninguna cosa estable, que nada
permanece, dando por averiguada la irrealidad
de lo “real”. A partir de estas
ideas, se llegó a pensar que Heráclito
defendía la no existencia del “ser”
o “ente” tal como exponía Parménides.
Por tanto, Parménides y Heráclito
fueron considerados como dos polos opuestos.
Sus sentencias evidencian que se consideraba
poseedor de una verdad muy importante
sobre la constitución del mundo,
del que los hombres son una parte y que
trataba en vano de propagarla. El Logos,
tal vez, debe interpretarse como la fórmula
unificadora o método proporcionado
de disposición de las cosas, lo
que casi podría denominarse su
plan estructural tanto en el terreno individual
como en el de conjunto. El sentido técnico
de logos en Heráclito está
probablemente relacionado con el significado
general de “medida”, “cálculo”
o “proporción” y no se puede referir
simplemente a su propia “versión”.
El efecto de una disposición de
acuerdo con un plan común o medida
es el de que todas las cosas, aunque plurales
en apariencia y totalmente discretas,
están, en realidad, unidas en un
complejo coherente del que los hombres
mismos constituyen una parte y cuya comprensión
es, por tanto, lógicamente necesaria
para la adecuada promulgación de
sus propias vidas. Mas considerar el término
Logos como una construcción casi
matemática o esquemática
parece inapropiado puesto que es posible
que ese Logos formara parte en las cosas,
en su existencia real y, en muchos casos,
podría ser coextensivo con el fuego,
el constitutivo cósmico primario.
El devenir no es irracional, caótico,
ya que se realiza de acuerdo con ciertas
leyes y proporciones. Este Logos es el
mismo para todo y ninguno de los dioses
ni de los hombres lo hizo, sino que era
y es y será fuego siempre viviente,
encendiéndose según medida
y apagándose según medida.
Al Logos de Heráclito se la llama
también physis. El Logos
de Heráclito se enlaza con su concepto
de la lucha de contrarios. El Logos es
physis. La presencia es contrariedad,
pero esto no puede consistir sólo
en que la definición de algo es
a la vez definición de su contrario,
sino en que el nacer-perecer de algo es
a la vez el nacer-perecer de su contrario.
Los contrarios no lo son “lógicamente”;
la lógica nacerá precisamente
de la restricción de la presencia
al “aspecto”; los contrarios lo son porque
el uno nace pereciendo el otro y, por
tanto, permanece entregado en definitiva
al otro y ha de concederle de nuevo la
palabra; la lucha de los contrarios, que
es a la vez “unidad”, es la lucha de presencia
y ocultamiento, la physis, que es la adjudicación
a cada cosa de su lugar propio. La unidad,
es una unidad en la diferencia,una identidad
en la diversidad, o sea, una unidad no
empobrecedora, sino llena de riqueza.
Toda cosa material es una unidad en la
diversidad (ya que consta de moléculas,
átomos, electrones, etc.)
Su teoría sobre los opuestos puede
entenderse con la metáfora del
arco: la naturaleza encuentra su orden
en la presencia de los opuestos que, según
Heráclito, vienen a constituir
un mismo ser, una misma cosa. Por tanto,
no se puede pensar que radicalmente Heráclito
negara la autenticidad del “ser” parmenídeo;
estas dos filosofías pueden llegar
a relacionarse. Heráclito
expone cuatro tipos diferentes de conexión
entre opuestos evidentes: 1) Las mismas
cosas producen efectos opuestos sobre
clases distintas de seres animados (a
los cerdos les gusta el lodo, pero no
a los hombres). 2) Aspectos diferentes
de la misma cosa pueden justificar descripciones
opuestas (el cortar y el quemar -normalmente
acciones malas- exigen una retribución
cuando es un cirujano el que lo hace).
3) Se advierte que cosas buenas y deseables,
como la salud o el descanso, sólo
son posibles si se reconocen sus opuestos,
la enfermedad o el cansancio (no existiría
la justicia sin la injusticia). Sólo
si se enfrentan alternativamente, los
contrarios se otorgan de forma mutua un
sentido específico: “La enfermedad
convierte en dulce la sociedad, etc. Y
en la armonía, coinciden los opuestos:
el camino que sube y el que baja son un
único y mismo camino 4) Ciertos
opuestos están enlazados de un
modo esencial porque se suceden mutuamente
sin más. De la misma manera dice
que la sustancia caliente y la fría
forman lo que se podría llamar
un conjunto calor-frío, una entidad
singular: la temperatura. Los cuatro
tipos de conexión entre opuestos
pueden clasificarse bajo dos epígrafes
principales: a) opuestos inherentes a
un solo sujeto o que son producidos simultáneamente
por él y b) opuestos que no son
susceptibles de distinción simultánea
en relación a objetos diferentes,
o partes del sujeto, pero que están
enlazados, por ser estados diferentes,
por un solo proceso invariable. Estas
y otras reflexiones similares sobre objetos
convencionales convencieron a Heráclito
de que no hay nunca una división
realmente absoluta de opuesto a opuesto.
Por otra parte, cada par de opuestos forma,
por tanto, una unidad y una pluralidad.
Pares diferentes resultan estar también
interconexos. Heráclito afirma
que dios es día-noche, invierno-verano,
etc. (todos los opuestos). Afirma, por
tanto, la existencia de una relación
entre dios y un número de pares
de opuestos, enlazados cada uno de ellos
por una sucesión automática.
Cada opuesto puede expresarse en términos
de dios: porque la paz sea divina, no
se puede concluir que la guerra no lo
sea y que no esté igualmente penetrada
por el constitutivo rector y formulario
que, a veces, se identifica con la totalidad
del cosmos ordenado. Dios no puede distinguirse,
en este caso, esencialmente del Logos.
Pero esto se tratará en otro momento.
Así, la pluralidad total de las
cosas forma un complejo singular, coherente
y determinable al que Heráclito
llamó “unidad”. La unidad de las
cosas subyace a la superficie; depende
de una equilibrada reacción entre
opuestos. Por otra parte, indica que la
auténtica naturaleza de las cosas
suele estar oculta. La conexión
que no se percibe entre opuestos es más
estrecha que otros tipos de conexión
más obvios. Varios fragmentos dan
a entender que es necesario tener fe y
constancia en la búsqueda de la
verdad subyacente. En este punto
se llega otro aspecto importante. Heráclito
expone que el equilibrio total del cosmos
sólo puede mantenerse si el cambio
en una dirección comporta otro
equivalente en la dirección opuesta,
es decir, si hay una incesante “discordia”
entre opuestos. La discordia o la guerra
es una metáfora que emplea Heráclito
para expresar el dominio del cambio en
el mundo. Un cambio de un extremo a otro
puede parecer, en cualquier caso, que
es el más radical posible. A la
“guerra” se la llama “dike”, el “camino
señalado”, o la regla normal de
comportamiento.
.Heráclito
indica que si la discordia cesara,
el vencedor en cada lucha de extremos
establecería un dominio
permanente y el mundo como tal
quedaría destruido. Finalmente,
en este punto hay que señalar
la importancia de la metáfora
del río para explicar el
“todo fluye”. La imagen del río
ilustra la clase de unidad que
depende de la conservación
de la medida y del equilibrio
en el cambio. Heráclito
adujo la imagen del río
para recalcar la absoluta continuidad
del cambio en cada cosa individual:
todo está en flujo continuo
como un río. El río
es aparentemente el mismo, mientras
que en realidad está constituido
por aguas siempre nuevas y distintas
que llegan y se escabullen. Por
eso, no se puede bajar dos veces
a la misma agua del río,
porque cuando se baja por segunda
vez es otra agua la que está
llegando; y también, porque
nosotros mismos cambiamos y en
el momento en que hemos acabado
de sumergirnos en el río
nos hemos convertido en alguien
distinto al que éramos
en el momento de comenzar a sumergirnos.
Esta interpretación del
pensamiento heraclíteo
no ha de malentenderse. Es necesario
llamar aquí la atención
sobre el hecho de que el cambio
del ser no indica la inexistencia
del mismo y el desorden, punto
defendido según las interpretaciones
de Platón, Aristóteles,
Teofrasto y los doxógrafos.
Es evidente que tras lo expuesto
anteriormente estos puntos de
vista quedan rechazados. Ha de
entenderse la lucha de opuestos
y el cambio dentro del orden denominado
Logos. 3.1.2. Arjé: fuego.
Los presocráticos, entre
los que se incluye Heráclito,
reflexionan sobre su experiencia
(su óptica, tiempo, sociedad),
que viene dada anteriormente por
los mitos (narraciones que llegan
a través de la tradición);
se ven entonces en un mundo del
que quieren saber y, por tanto,
preguntan por él (por su
origen o arjé). Su experiencia
anterior era muy pobre; con sus
respuestas se desunen de los mitos
sin desbancarlos, ya que pensadores
de la talla de Platón o
Aristóteles los utilizan
en sus explicaciones. Hay que
tener en cuenta la concepción
griega de que todo es physis,
y el Logos (o el arjé)
es su base. Para Heráclito
todo es fuego, el fuego es el
origen de todo, es el arjé.
El fuego es la “aletheia”, lo
no oculto. Heráclito no
se refiere al fuego como “lo que”
ilumina, sino que habla del fuego
mismo como lucha, constante surgir
(“siempre viviente”, physis),
como arrancar al ocultamiento
(“encenderse y extinguirse”);
en cuanto constante oposición
al ocultamiento, el fuego es finito,
es encenderse y apagarse “según
medida”. Así, indica
que el mundo es un fuego perdurable;
algunas de sus partes están
siempre extintas y constituyen
las otras dos masas importantes
del mundo: el mar y la tierra.
Los cambios entre el fuego, el
mar y la tierra se equilibran
mutuamente; el fuego puro o etéreo
tiene una capacidad directiva.
Una noticia de Diógenes
Laercio (S.III d. C.) dice lo
siguiente: “Al condenarse el fuego
se hace húmedo, y, reuniéndose
(haciéndose compacto),
deviene agua, y fijándose
el agua se vuelve en tierra; y
éste es el camino abajo.
De nuevo la tierra se hace fluida
y de ella se produce el agua,
y de ésta lo demás,
refiriéndolo (Heráclito)
casi todo a la evaporación
a partir del mar; y éste
es el camino arriba. Tienen lugar
evaporaciones a partir de la tierra
y a partir del mar, las unas brillantes
y puras, las otras oscuras. Por
las brillantes aumenta el fuego,
por las otras la humedad”. Lo
“demás” que se produce
del agua debe ser otra vez fuego,
pues la transmisión de
la doctrina de Heráclito
es prácticamente unánime
en afirmar que “de fuego se produce
todo y en fuego acaba todo” (Aecio);
pero, por otra parte, lo “demás”
a que se refiere el texto de Diógenes
Laercio es, sin duda, los astros,
de los que diversas noticias están
de acuerdo en reconocer que son
fuego, fuego que se produce a
partir de “las evaporaciones brillantes”,
fuego que se extingue y de nuevo
se produce, siempre a partir de
la evaporación. Según
esto, de los dos tipos de evaporaciones
de que habla Diógenes,
las “brillantes y puras” deben
de ser las del mar (agua), ya
que por ellas “aumenta el fuego”
y a partir de ellas se produce
el fuego de los astros; y las
evaporaciones “oscuras” deben
de ser las de la tierra, ya que
dice que por ellas “aumenta la
humedad”. El fuego es la
forma arquetípica de la
materia y el cosmos concebido
como totalidad puede describirse
como un fuego que, cuando una
determinada cantidad se extingue,
se vuelve a encender en una parte
proporcional; no todo él
está ardiendo a la misma
vez y siempre estuvo y siempre
estará en este estado.
No es posible, no obstante, que
el fuego sea una materia prima
original a la manera en que lo
era el agua o el viento para Tales
o Anaxímenes. Fue el único
quizá entre los filósofos
presocráticos que sospechó
la existencia de la cualidad:
todo, en el universo, no se reduce,
según él, a la cantidad;
las acciones mecánicas
de condensación y de dilatación
en las que se expresan las transformaciones
del fuego primordial no son la
causa sino los efectos del cambio
de sustancia; estas transformaciones
o “tropos” implican un cambio
cualitativo del conjunto tanto
como de las partes; el mecanismo
no es más que la utilización
de un fin, la operación
de una sabiduría, armonía
o justicia, que gobierna el mundo
siguiendo una necesidad inteligente,
y que pone de acuerdo los contrarios
sin que por esto los identifique
o los confunda, como hace el pensamiento
del hombre. El fuego tiene
una capacidad directiva. Tal vez
sea más importante el hecho
de que todo fuego personifica
la regla de la medida en el cambio
inherente al proceso del mundo,
del que el Logos es una expresión.
De esta suerte es natural que
se le conciba como el constitutivo
mismo de las cosas, que determina
activamente su estructura y comportamiento.
A partir de estas ideas, señala
que los cuerpos celestes son cubetas
de fuego, alimentadas por exhalaciones
procedentes del mar; los eventos
astronómicos tienen también
sus medidas. Pero ninguno de sus
fragmentos transmitidos manifiesta
de un modo claro sus ideas sobre
la naturaleza de los cuerpos celestes.
Como punto final puede decirse
que como el todo sólo “es”
en virtud del fuego, del Logos,
debe concederle de nuevo la palabra,
abandonando cada cosa su propio
insistir en sí, su presencia.
El fuego, pues, “retorna”. El
fuego es constante surgir, y no
hay surgir sin el ocultamiento
al cual el surgir es arrancar;
no hay encenderse sin aquello
de lo cual se alimenta el fuego;
el fuego es lucha frente a algo
sin lo cual el fuego no es posible.
Porque la physis es ocultamiento,
tiene lugar el parecer, la doxa
de Parménides. 3.1.3.Malentendido
heraclíteo.
De la doctrina de Heráclito
hay varias interpretaciones debidas
a la difícil comprensión
de sus escritos por su singular
estilo literario, el aforístico.
En fin, entre estas interpretaciones
se encuentra por la que todo el
mundo le conoce, según
la cual es el filósofo
del devenir. Heráclito
tendría entonces como máxima
aquél “panta rei”, todo
es movimiento, los sentidos engañarían
respecto a la aparente quietud
de las cosas (ni tan siquiera
existiría la sustancia),
nada es, ya que todo es y deja
de ser al tiempo. Pero ahora todos
los estudiosos coinciden en señalar
que no es esto lo que Heráclito
realmente quiso decir; es cierto
que se ocupó del problema
del movimiento teniendo una conciencia
más plena del mismo que
sus antecesores, pero no es ésta
la parte central de su pensamiento
y, además, queda olvidada
toda su teorización acerca
del “Logos” y los contrarios,
lo que supone un reduccionismo
de su doctrina. Con esto se llega
a la difundida contraposición
entre Heráclito y Parménides
que realmente no es tan radical.
Para buscar al causante de este
malentendido hay que retrotraerse
hasta Crátilo, el cual
parece ser que fue discípulo
o seguidor suyo, que no le entendió
muy bien y sólo habla del
tema del movimiento de una manera
exagerada. Las cosas se
hubieran estancado aquí
si Platón no hubiese tenido
relación con el anterior,
pero así fue. De este modo
Platón, al referirse a
Heráclito, cogerá
la interpretación de Crátilo
(la cual no se molestará
en examinarla ni en penetrar más
en ella). Tras Platón,
será Aristóteles,
el que vea según el criterio
del movimiento a Heráclito,
incluso lo exagera más
y le atacará. El ataque
se refiere a que ve que niega
el principio de contradicción
al afirmar que los opuestos son
lo mismo (con ello Heráclito
no quiso decir que fueran idénticos,
como más tarde se verá,
por tanto, la crítica está
un poco fuera de lugar).
Por último, Teofrasto,
del que depende toda la tradición
doxográfica posterior basó
su interpretación de este
autor en la de Aristóteles.
Debido a esto fue entendido siempre
de esta forma. Por ello, para
obtener una idea segura de lo
que realmente dijo se ha de recurrir
a los fragmentos genuinos de Heráclito
transmitidos por otros autores,
aunque sea una tarea difícil
por su estilo. Heráclito
rebasará con creces las
teorías de sus antecesores,
entrando ya en el plano metafísico,
deja de interesarse tanto por
los problemas de las particularidades
que llevan al monismo y panteísmo
milesios (un ejemplo de esto está
en que Heráclito no se
preocupará por los problemas
de la meteorología y astronomía).
Su pensamiento se hace más
especulativo enfrentándose
a las cuestiones de la totalidad
y del devenir, pasando éste
último a un plano secundario
ante la concepción de la
naturaleza como “totalidad uni-plural”,
la lucha de los contrarios que
se unen en el Logos. Esto es lo
que verdaderamente propugna el
efesio frente a la tradición
que sólo lo ve desde su
postulación del devenir.
Entonces, para rebasar la citada
interpretación tradicional
hay que ver los siguientes puntos;
teniendo siempre en cuenta que
Heráclito también
habló del movimiento, pero
éste pasará a estar
legislado, ya que necesitará
de un elemento, el enlace (aquello
que une a los contrarios) que
es el Logos (en este sentido está
muy unidoal concepto de númeroque
tenían los pitagóricos).
CONTINUARA........
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