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Boghazkóy
Pero quizás el testimonio más
elocuente de cuantos poseemos en lo que se refiere a la indudable fuerza
y capacidad de esta nación anatolia en el apogeo de su ascendiente
político y expansión efectiva, está en un campo totalmente
distinto. Una visita a las ruinas de la capital hitita de Boghazkóy,
con los restos de sus palacios y templos, sus monumentales esculturas y
el perímetro de más de 6 km. de longitud de sus sólidas
murallas, forzosamente despiertan en el visitante la convicción de que
aquella ciudad fue cuna y mansión de un gran pueblo imperialista.
La población extiende a uno y otro lados
de una profunda garganta rocosa, dominando al Norte un anchuroso valle
cultivado. La parte más antigua de la ciudad no mide más de 365
m. de longitud, y se encarama a una, elevada ciudadela. Allí estaba la
sede del Gobierno, y en unas largas bodegas, destruidas un día por
el fuego, fueron exhumados los millares de tablillas que formaban el archivo
real. En la época «imperial», la ciudad resultó inadecuada
y se planeó una importante ampliación. Posiblemente durante
el reinado de Suppiluliumas erigióse un enorme arco de fortificaciones
en la ladera en dirección Sur, originando así un recinto cerrado.
Aquí, las propias murallas constituyen una auténtica proeza
de ingeniería, si se tiene en cuenta lo remoto de la época
(siglo X a. J. C.). Sus cimientos se levantaron a un nivel apropiado por medio
de un gran terraplén, rematado parcialmente por un muro en talud de piedra
labrada Encima de esta infraestructura se alza la doble muralla, construida
con enormes piedras, no dispuestas de forma regular, pero minuciosamente ensambladas.
Hay torres habitables a intervalos poco separados, y, en algunos puntos, muros
exteriores o «albacaras» para impedir un ataque directo. En un punto
hay una poterna o surtida, formada por un túnel con bóveda de
piedra que pasa por debajo del terraplén. Existen cinco puertas principales
flanqueadas por torres, tres de las cuales han recibido sus nombres de las esculturas
que las adornan: las puertas de los leones, de las esfinges y del Rey
Cuatro edificios de la vasta ciudad han sido
identificados como templos. Uno de ellos es una enorme construcción de
piedra caliza, con una columna frente a un ancho patio central, y se halla
en un recinto sagrado, o témenos, que contiene multitud de cámaras-almacenes
y otras dependencias accesorias. En estos edificios, el santuario propiamente
dicho, que encerraba una estatua objeto de culto, es de granito. Tiene
un acceso indirecto y se proyecta algo por detrás de la fachada principal,
a fin de que la estatua reciba luz lateral.
Las figuras objeto de culto han desaparecido
de los templos, y en todas partes los excavadores encontraron escasos ejemplos
de tallas o modelados. Por eso nuestro conocimiento sobre el arte hitita
de aquel período procede, en su mayor parte, de dos o tres fuentes,
sobre todo las esculturas que ornamentaban las puertas de la ciudad y los relieves
esculpidos en la roca viva del santuario vecino de Yazilikava. EI más
famoso de los primeros es el Guerrero de la Puerta del Rey, ahora en el museo
de Ankara. La estatua es curiosamente impresionante, pese a que su valor
estriba más en su condición de testimonio arqueológico
revelador del vestido, armas, etc., que en su mérito artístico.
También las figuras de los leones y las esfinges son trabajos primitivos,
y el interés de los últimos radica principalmente en el hecho
de que las esculturas dobles anticipan en muchos siglos a otras similares
de los edificios asirios (y en un milenio a las de Persépolis)................................................
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