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..La cupula lleva casetones
que disminuyen radialmente hacia Ia
abertura. Estaban antes estucados
y quizá adornados con estrellas
(doradas). Tales resultados en el
arte de Ia bóveda romana sólo
fueron posibles con Ia ayuda de los
nuevos materiales de construcción,
como el hormigón y el ladrillo;
las nuevas y revolucionarias ideas
de los arquitectos romanos hicieron
necesarios, primero -y luego, realidad-
estos nuevos materiales.
Igual que Adriano, el primer emperador con barba al estilo de los
filósofos griegos, Marco Aurelio también da llevó
v vivió de hecho como filósofo. Era un emperador pacífico,
igual que Adriano, aunque también a él le fue erigida,
como a Trajano, una gran columna de victorias. Mientras que Ia de
Trajano, colocada en su F^ro en Roma, estaba dedicada a los triunfos
en las guerras dadas, Ia columna de Marco Aurelio celebra sus victorias
sobre los marco-manos y los sármatas. Se erguía ante
el templo del Marco Aurelio deificado. En grandes bandas de relieves,
que se tienden en espiral alrededor de Ia columna, están
representados de una manera realista los preparativos para Ia lucha
y las luchas mismas. La estatua ecuestre quizá se refiera
a Ia entrada de Marco Aurelio en Roma, a Ia que correspondía
también un arco de triunfo. Dicha estatua ocupa desde 1538
el centro de Ia plaza del Capitolio, proyectada por Miguel Ángel.
EI emperador lleva aquí el manto de soldado sobre Ia túnica
con cintu-rón. Tiene extendido el brazo en actitud de saludo.
Bajo Ia pezuña levantada del caballo se encontraba antes
un rey bárbaro de diminuta figura. Este majestuoso modelo
de efigie ecuestre continúa una larga tradición que
se remonta a Ia época arcaica. EI emperador está reproducido
como profundo filósofo y soberano universal; Ia poderosa
figura del gran caballo eleva su orgullosa dignidad y resalta Ia
inasequibilidad del Imperator Mundi. La enorme estatua ejerció
un fuerte influjo sobre Ia realización de imágenes
ecuestres en el Quatrocento y aun en Ia Edad Media. La actitud grandiosamente
barroca del arte antonino, que redescubrió el alto arte helenístico
de Pérgamo, pervive aún en Ia época de Septimio
Severo y Caracalla. EI profuso adorno de relieves del gran arco
de Septimio Severo (de tres vanos), que glorifica las victorias
sobre los partos y los árabes, tiene un aspecto casi selvátivo
. Las columnas corintias, colocadas ahora ante las pilastras acanaladas
que las enmarcan sobre zócalos separados, están acodaladas
en su parte superior por el entablamento prominente. La idea barroca
del salto hacia adelante y hacia atrás de Ia pared se verifica
por medio de las columnas. La esbelta construcción de este
arco de triunfo (erigido hacia el 203) de Ia fase tardía
de! barroco remano viene 'determinada, por el crecimiento vertical
de aquéllas.
Asimismo el templo circular
de Baalbek debe datar, en razón
de su ornamentación arquitectónica,
del s. ii al in d. C. Las columnas
corintias, colocadas también
exentas, están acodaladas por
el enorme entablamento. Una arquitectura
audaz y estereométrica brotó
de Ia fantasía barroca del
desconocido arquitecto, cuya línea
de antecesores puede remontarse hasta
las soluciones espaciales adoptadas
en Ia villa de Adriano en Tívoli.
No sólo el espacio interior,
sino también el exterior está
subordinado a una concepción
pictórica de Ia arquitectura,
que en contraposición a Ia
forma arquitectónica de los
griegos, puramente corpórea
y sin sentido del espacio, modela
el interior y el exterior concibiéndolos
como oquedades, cubierta una y cobertera
Ia otra: el hombre se siente a salvo
y busca protección en el espacio
circundante.
También las gigantescas construcciones
de las termas producen en quien las
contempla una cierta impresión
de irrealidad, de rapto hacia un mundo
mágico. Las termas tienen,
desde luego, su razón de ser
en Ia utilización, excepcio-nalmente
desarrollada, del baño en Ia
Antigüedad, pero son además
mucho más que eso: en ellas
existen salas de reunión, de
lectura, de conferencias públicas,
bibliotecas, etc.; aunan, pues, nuestras
instituciones culturales y deportivas.
A pesar de Ia rígida simetría
de Ia planta, el enorme complejo de
las termas de Caracalla -donde aún
tienen lugar en verano grandes representaciones
de ópera, si bien solamente
en una pequeña parte de Ia
instalación- seguramente ofrecía
a Ia vista una inimaginable variedad
de grandiosas sensaciones. No se trata
ya de construcciones a Ia medida humana,
sino que rayan con lo infinito y lo
eterno. EI mayor fasto del mundo terreno
se va extinguiendo en sí mismo
y prepara Ia irrupción del
mundo del Más Allá,
que alterará totalmente, con
el cristianismo Ia fisonomía
del mundo antiguo. Entre las numerosas
religiones mistéricas y sobrenaturales
de esta época, que se preocupan
por Ia salvación del alma del
individuo, el cristianismo ocupa sólo
un lugar, que si bien es importante,
no es exclusivo. EI que Plotino se
aver-güence de tener un cuerpo
expresa Ia idea dominante de Ia época:
a pesar de las enormes instalaciones
para Ia cultura física se ha
llegado a experimentar un rechazo
del propio cuerpo .A los emperadores
Severos sucede Ia serie de los emperadores
soldados, entre los que destacan Ga-lieno
(260-268 d. C.) y Aureliano (270-275),
quien construyó las murallas
de Roma. Las agitaciones internas,
los enemigos externos y el desmoronamiento
de Ia antigua creencia en los dioses
caracterizan al s. in. Al mismo tiempo,
aumentan los seguidores del cristianismo,
lo que conduce a repetidas persecuciones
del mismo. Despu.L de los emperadores
soldados, ei reino se afianza de nuevo
interior y exte-riormente gracias
a Ia fuerte personalidad de algunos
gobernantes: uno de ellos es Diocleciano
(284-305), que en lugar del principado
establece Ia tetrarquía, o
gobierno de cuatro emperadores; con
Constantino el Grande (323-337), el
reconocimiento oficial del cristianismo
(313) y el traslado de su residencia
a Constantinopla (Bizancio desde el
330) se inicia una nueva era, durante
Ia cual no se extingue inmediatamente
el lenguaje formal de Ia Antigüedad,
sino que, en ocasiones, vuelve a renacer.
Entre los emperadores soldados destaca
Galieno, que hace revivir otra vez
el gusto griego en una especie de
renacimiento. EI lenguaje formal helenístico
no pasa desapercibido en su retrato
[124], pero por Ia intensa mirada
de los ojos, el rasgo ensimismado
en torno a los finísimos labios
y el pelo nerviosamente encrespado
de Ia barba ya no parece un vivo semblante
griego, sino una máscara antepuesta,
que desvela, más bien que encubre,
Ia nostálgica avidez de belleza
del alma. EI retrato fue realizado
seguramente poco después del
260 d. C.
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