.La
pintura se convierte,
en Ia época paleocristiana, en el género. principal
de las artes figurativas. Si los testimonios del s. III se limitan
principalmente a Ia decoración de las catacumbas, desde
el reconocimiento del cristianismo bajo Constantino, los temas
de Ia iconografía cristiana, cada vez más numerosos,
se emplean pronto en Ia ornamentación de las construcciones
religiosas. Con ello adquiere Ia pintura una significación
completamente nueva no sólo en el aspecto decorativo, sino
sobre todo en su papel de representar en imágenes Ia doctrina
cristiana de Ia salvación. Se hace necesario crear nuevos
sistemas de decoración adaptables a las disponibilidades
espaciales de los distintos tipos de edificios paleocristianos
y se impone un nuevo estilo de imágenes para representar,
por símbolos o por relatos, las verdades religiosas. También
Ia pintura de libros, un campo amplio e importante de Ia pintura,
adquiere grandes 'posibilidades de desarrollo, por las nuevas
funciones del libro cristiano en el uso eclesiástico. En
el s. iv se lleva a término una transformación decisiva
del tipo de libros: el paso de Ia forma antigua tardía
del rollo al códice, es decir, a Ia sucesión de
hojas de pergamino entre tapas fuertes.
En el aspecto formal,
también Ia pintura paleocristiana
da continuidad a las distintas tendencias
antiguas tardías. Por desgracia,
es relativamente reducido el número
de las obras que se conservan, de
manera que sólo es posible
conocer, a grandes rasgos, Ia evolución
estilística. Las ciudades helenísticas
del Oriente conservan Ia herencia
clásica casi en su integridad
hasta el s. vi (como, por ejemplo,
los mosaicos de pavimento en Antioquía:
Constantinopla, Palacio Imperial).
A partir de las tradiciones romano-orientales,
las provincias del este (Siria y otras)
desarrollan un lenguaje de imágenes
gráfico,
aunque inorgánico, y vivamente
expresivo en sus relatos. EI arte
cop-to de Egipto prosigue las tradiciones
locales, tanto en sus temas (mutación
de Isis en María, por ejemplo)
como en sus rígidas es-
[142] Nicho sepulcral de Luciría
en Ia catacumba de San Calixto, Roma,
mediados del s. m. Medallón
central de una bóveda: el Buen
Pastor. Estilo antiguo tardío,
fragante, pictórico-ilusionista.tructuras
figurativas, lineales y de sobrio
dibujo. En Roma se puede observar
en el s. ni una transformación
análoga a Ia de Ia escultura:
se abandona Ia profundidad espacial
ilusionista y Ia figura se simplifica,
aumentando su expresividad.
La pintura cristiana más antigua
que se conserva se encuentra-ya en
el s. in-en las catacumbas de Roma.
Las bóvedas y techos de las
cámaras funerarias están
subdividi-dos por líneas sencillas,
según el sistema de las decoraciones
romanas tardías, en zonas geométricas,
en las que se incluyen figuras, pequeñas
escenas y ornamentos. Características
del período . inicial son Ia
forma de pintar fragante y clara y
Ia antigua corporeidad de las figuras
(¡por ejemplo, nicho de Luci-na
en Ia catacumba de San Calixto [142];
dichas características son
reemplazadas con el tiempo por un
amplio dibujo del contorno y su interior
y por una composición plana
y lineal de contrastes cromáticos;
Ia mirada y los gestos son expresivamente
penetrantes.
Las decoraciones de las catacumbas
están realizadas exclusivamente
en Ia técnica al fresco. Cuando
en Ia época de Constantino
Ia pintura conquista, desde su posición
predominantemente popular, Ia de arte
cortesano, se busca un material más
duradero y de mayor prestancia. EI
mosaico, técnica romano-helenística
en Ia que se incrustan pequeñas
piedras de colores o trozos de vidrio
en mortero húmedo, ofrecía
las mejores posibilidades, y si bien
se ha perdido el adorno en mosaicos
de las primeras basílicas cristianas,
su monumentalidad y solemnidad ha
quedado reflejada en el arte de las
catacumbas Al mismo tiempo continúan
ininterrumpidamente vigentes las tradiciones
antiguas tardías, entreveradas
en parte de contenidos cristianos.
Así, en el mausoleo de Cons-tantina
(f 354), Ia hija de Constantino, Santa
Constanza, Roma [143], se representan
en los ábsides temas cristianos,
mientras que en las doce zonas de
Ia galería aparece una gran
cantidad de motivos y escenas profanas,
decorativas y simbólicas (vendimia).
EI estilo se caracteriza por lo plano
del ornamento, una plena plasticidad
y el impetuoso movimiento de las figuras
realzadas por los colores fuertes
sobre fondo blanco. Hacia el año
400, aproximadamente, Ia pintura parece
haber alcanzado, aun con toda su diversidad
estilística, una impronta cristiana
homogénea, por Ia que las formas
clásicas resultan transforma-
das por los nuevos valores expresivos.
A Ia par que en Ia escultura,, también
en Ia pintura se prescinde cada vez
más de Ia reproducción
del entorno espacial, del volumen
plástico y de Ia proporción
orgá-, nica; predomina, en
cambio, en Ia figura el equilibrio
en Ia composi-; ción, Ia monumentalidad,
una mo-; delación suave y fluidas
líneas. La^ aplicación
de color es clara y suntuosa, y el
valor lumínico irreal del oro
como fondo juega cada vez uní
papel más importante en orden
a crear una espiritualidad extática
y trascendente. En Roma pervive Ia
tradición clásica en
Ia maciza cor-: poreidad y el movimiento
natural i (Santa Pudenziana, ábside)
con ma-' yor fuerza que, por ejemplo,
en i Milán, donde se practica,
bajo in- i flujo oriental, un estilo
elegante,; impresionista y más
ligado en Ia i composición
(Sant'Aquilino, ábsi-! de).
Del alto rango de Ia pintura teodosiana
romano-oriental quedan tan sólo
como testimonio dos mosaicos de Ia
Iglesia de San Jorge en Salónica
(hacia el 400): muestran santos ante
un friso de perspectivas arquitectónicas
de palacios, del mismo estilo que
en Ia escultura oriental de esa época,
que consiste en Ia elaboración
de los modelos antiguos, orientada
hacia lo espiritual y cortesano.
En el s. v se desarrolla para el recinto
principal de las iglesias un extenso
sistema de decoración: los
temas teológico-representativos
encuentran lugar en el ábside,
el arco de triunfo y Ia cúpula,
y las figuras de santos, a menudo
en varias zonas superpuestas en Ia
nave mayor. Según los diversos
contenidos de las pinturas, se dan
generalmente ciertas diferencias estilísticas:
composición central y monumentalidad
solemne en los temas teológicos,
y en las escenas del Nuevo Testamento
una concentración sobre su...........