Los
primeros pobladores de Anatolia(2.parte)
......de
Ia evolución cultural, donde el movimiento de Ia rutina doméstica o de
las actividades públicas quedan fijados momentáneamente en un cuadro característico.
Dos descubrimientos de esta clase se refieren a una edad tan remota que
no caen, estrictamente hablando, dentro del marco de este ensayo. EI primero,
en Hacilar, cerca de Burdur, ha sido estudiado ya en otro lugar de esta
obra (capítulo II). EI segundo, en Mersin (Cilicia), nos ofrece el fascinante
espectáculo de una fortaleza calcolítica en miniatura de hacia el año
3700 a. J. C. Puede decirse que es el primer ejemplo de una arquitectura
militar sistemáticamente planeada en Ia historia del mundo En otro lugar
trataremos con más detalle de otras correspondientes a fechas menos remotas
La
Edad del Bronze en Anatolia
Ya durante el tercer milenio antes de Ia Era cristiana encontramos el
país dividido en seis o siete provincias culturales, identificables por
ligeras disparidades en sus restos materiales, y que se corresponden estrechamente
con las divisiones geográficas más naturales del territorio Tenemos Ia
provincia noroccidental, con el emplazamiento de Troya y las ricas necrópolis
de Yortan. Las excavaciones efectuadas en el primero y muchas otras ilícitas
de que han sido objeto las segundas, han revelado su carácter en grado
considerable. A continuación, una vasta zona de Ia meseta propiamente
dicha, con el famoso recodo de Halys, entra en Ia que se ha dado en llamar
Ia provincia central de Anatolia, y también aquí las peculiaridades locales
de Ia civilización de Ia primera Edad del Bronce se nos han hecho familiares
gracias a las excavaciones. La cultura, de carácter bastante mixto, de
Ia Cilicia de aquellos tiempos ha sido también objeto de vastos estudios,
y algo se sabe de una remota cuarta provincia nordoriental, caracterizada
por un conjunto de materiales, más bien extraños, procedentes de Karaz,
cerca de Erzerum, que parecen presentar afinidades caucásicas. Hay también
una provincia sudoccidental, centrada en torno a las fuentes del Río Meandro,
y otra, confinada, al parecer, a Ia llanura de Konya, cuyos límites podemos
sólo inferir de las deducciones resultantes de Ia cerámica encontrada
en Ia superficie de los montículos de su primera Edad del Bronce.
Mucho de lo que sabemos de estas provincias en esta fase inicial de Ia
referida edad se deriva de Ia exploración de las comunidades pueblerinas
o pequeñas ciudades, con su legado de restos de cerámica. EI cuadro que
ofrecen es el de unos campesinos anatolios vigorosos y relativamente pobres
de imaginación, que llevaban una existencia muy poco distinta de Ia de
sus modernos sucesores. Las casas eran de adobe, reforzadas las paredes
con vigas de madera y sustentadas sobre cimientos de piedra; los tejados
en azotea, de barro, con rechonchas chimeneas, albergaban sin duda nidos
de cigüeñas a principios de verano. Los pueblos debieron de presentar
poco más o menos el aspecto de los remotos villorios de nuestros días,
donde el cemento v el hierro resultan todavía bastante raros. Los habitantes
criaban ovejas, cabras y ganado mayor, guardado con Ia ayuda de perros,
y cazaban el jabalí y el ciervo. Abrían Ia tierra por medio de ligeros
arados de madera, segaban Ia mies con hoces de cobre, trillaban probablemente
con rastras de díentes de pedernal y aventaban al aire. Luego molían el
grano con muelas de basalto accionadas a mano, y cocían el pan en un horno
cónico de arcilla. En los hogares ardían lámparas ante minúsculas capillas
domésticas, y los muertos eran enterrados fuera de Ias casas, en sencillas
fosas o en cistas bordeadas de piedras. Durante muchos siglos permanecieron
fieles a sus tradiciones, intransigentes con sus costumbres.
Alaca
hüyük Unos arqueólogos turcos que realizaban excavaciones en las capas profundas
del montículo de Ia ciudad hitita de Alaca Hüyük, descubrieron un grupo
de trece tumbas, tal vez las de una familia reinante local de Ia primera
Edad del Bronce, inhumada con los ricos atavíos del ritual funerario y
acompañada de sus objetos personales. Después de tanto tiempo de tener
que contentarse con el limitado testimonio ofrecido por horizontes "vernáculos",
los excavadores se encontraron de pronto, con gran satisfacción, ante
un aspecto metropolitano de Ia civilización contemporánea; y quedaron
pasmados ante Ia muestra irrefutable de una adelantada tecnología, unas
grandes aptitudes artesanas y Ia capacidad de discriminación estética
que suministraba el descubrimiento. Añadíanse a todo esto indicios claros
y significativos de un pensamiento abstracto que presidía las complicadas
normas del ritual funerario.
Era patente que los enterramientos se habían efectuado con largos intervalos,
durante varias generaciones. Algunas de las sepulturas eran unipersonales;
otras contenían los restos de un hombre y una mujer, enterrados en tiempos
diferentes. Los hombres aparecían acompañados de sus armas; las mujeres
tenían junto a sí sus adornos o artículos de tocado, y unos y otras se
hallaban bien provistos de vasijas y utensilios domésticos, casi todos
hechos en metales preciosos. Entre las armas destacaba una daga con empuñadura
de oro en figura de media luna y hoja de hierro, y entre los adornos personales
sobresalía una diadema de oro afiligranado, con fleco y cintas de oro.
Había también
una gran variedad de objetos de significación religiosa, relacionados
con el ritual funerario, a los que se ha dado el nombre de estandartes
porque tal vez iban montados en el extremo de una percha, y ornamentos
de función similar en forma de animales aislados, primorosamente trabajados
en bronce con incrustaciones de plata. Se encontraron asimismo raras figuritas
de metal, una de las cuales era de broce, de botas y senos embellecidos
con oro. Las tumbas en sí eran fosas rectangulares, limitadas por toscas
paredes de piedra y recubiertas por un techo de troncos de madera. Dispuestos
sobre éste veíanse cráneos y pezuñas de animales a veces con. un petto
entre ellos-, sacrificados como formando parte del rito fúnebre, y los
restos de un banquete religioso. Estas tumbas han sido fechadas entre
el 2400 y el 2200 a. J. C. Nos proporcionan valiosísima información sobre
los metales y piedras de que se disponía en Anatolia Central en aquella
época, así como acerca de las técnicas metalúrgicas conocidas, entre las
cuales figuraban Ia fundición y Ia forja, Ia soldadura, el relieve repujado,
el aforro y Ia incrustración.
Otro cementerio de este tipo ha sido localizado en Horoztepe, cerca de
Tokat; en él, las tumbas someras de Ia realeza de Ia primera Edad del
Bronce se hallan cubiertas por una necrópolis moderna. Parecen algo posteriores
a las de Alaca Hüyük (tal vez del 2200 antes de nuestra Era). La arquitectura
y Ia construcción de esta primera Edad del Bronce varía muy poco de un
distrito a otro. Se utilizan cimientos de piedra y una superestructura,
ya de este material, ya de adobe, dispuesta en calidad de entrepaños de
relleno en un armazón de troncos y vigas. Los postes verticales están
sujetos a los extremos de las vigas del techo, dando una forma de estabilidad
mantenida adrede ligeramente elástica en precaución contra los terremotos
En cuanto al plano de las casas de habitación privadas, en Beycesultán
es donde más se aproxima al tipo de sala y pórtico, conocido generalmente
con el nombre de mégaron. Al parecer, tampoco fue éste un modelo peculiar
de Ia Anatolia Sudoccidental en Ia primera Edad del Bronce, ya que en
las ruinas de Ia ciudad indígena de Kanesh fue descubierto hace poco un
pequeño palacio con un mégaron............(Para
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